Meditación sobre el Mensaje del Padre

“El amor paternal”

En el año 2020, me había propuesto dedicar el día 7 de cada mes a una meditación sobre Dios Padre. Siempre y cuando sea posible, quisiera continuar con ello en este año, porque es muy enriquecedor conocer a la Santísima Trinidad tanto en su unidad como en cada una de sus tres Personas.

El “Mensaje del Padre”, que es una revelación privada que le fue dada a la Madre Eugenia Ravasio en el año 1932, y que fue aprobada por la Iglesia, después de haber sido examinada durante diez años; se distingue especialmente por transmitirnos la imagen de un Padre amoroso. Con muchas bellas palabras y mostrándonos cómo cuida de nosotros, el Padre Celestial nos hace ver cuán grande es Su deseo de vivir junto a nosotros, Sus hijos. Él quisiera darnos todo Su amor, pero se encuentra con obstáculos de todo tipo, que limitan o incluso impiden que este Su amor penetre en nosotros.

En estos tiempos, que yo considero como “apocalípticos”, en los que un extraño escenario difunde mucha oscuridad, se vuelve tanto más importante el mensaje del amor de nuestro Padre. El hombre no está abandonado, simplemente a merced de las “tormentas de la época”, soportándolas pasivamente… ¡Dios sigue presente y Él es el Señor de la historia, aunque haya tantas cosas que no entendamos! Precisamente ahora cobra tanta más importancia el “Mensaje del Padre”, que nos muestra Su amor inquebrantable y nos invita a confiar.

En efecto, la confianza es un aspecto central para que haya una verdadera relación. Mientras que nuestra confianza en una persona debe siempre tener presente su debilidad y el peligro de que caiga en tentación, sin por eso retirarle la confianza ni mucho menos sospechar de ella; las cosas son distintas en relación con Dios. En Él podemos confiar incondicionalmente. En Él no hay oscuridad… “El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo” (Jn 1,9) –nos dice San Juan sobre Jesús, quien vino a este mundo para glorificar al Padre. “Yo te he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tú me has encomendado que hiciera.” (Jn 17,4)

El Padre es glorificado cuando nosotros lo reconocemos, lo honramos y lo amamos. ¡Este es también el mensaje central de este pequeño libro, que invita a la humanidad a abrirse plenamente para recibir el amor de Dios y vivir en él!

El pasaje que leeremos a continuación nos muestra cuánto Dios lucha por cada alma. Les invito a que simplemente acojan profundamente estas palabras, porque pueden darle a nuestra alma aquella auténtica seguridad sobre la cual podemos edificar nuestra casa, en ilimitada confianza. Aquí Dios Padre habla de su trato con un alma que vivía alejada de Él:

“Esta alma ha sido siempre para Mí como el hijo pródigo. La colmaba de bienes; pero ella despilfarraba todos esos dones gratuitos de su Padre amantísimo. Además, me ofendía gravemente. Yo la esperaba, la seguía a todas partes, le concedía nuevos favores, como la salud y los bienes que le permitía producir como fruto de su trabajo, hasta el punto de que tenía incluso en sobreabundancia. A veces, Mi Providencia le proporcionaba nuevos favores. Así, ella vivía en abundancia; pero sólo veía a través de la triste penumbra de sus vicios. Toda su vida era un entramado de extravíos, a causa del pecado mortal habitual. Pero Mi amor nunca se cansó. Continuaba siguiéndola; la amaba y, a pesar de sus rechazos, estaba contento de vivir pacientemente cerca de ella, con la esperanza de que quizá un día escuchase mi amor y volviese a mí, su Padre y Salvador.

Finalmente, se acerca su último día… Le envío una enfermedad para que pueda estar recogida y vuelva a Mí, su Padre. Pero el tiempo pasa, y he ahí a Mi pobre hijo, a los 74 años de edad, en su última hora. Y, como siempre, Yo sigo ahí, y le hablo con más bondad que nunca. Insisto, llamo a Mis elegidos para que recen por él para que pida el perdón que le ofrezco. En ese instante, antes de expirar, abre sus ojos, reconoce sus errores y cuán lejos se ha desviado del verdadero camino que conduce a Mí. Vuelve en sí, y entonces, con voz débil que nadie a su alrededor logra escuchar, me dice:

‘¡Oh, Dios mío! Ahora veo cuán grande ha sido Tu amor por mí, y cómo yo Te he ofendido constantemente con una vida tan mala. Nunca pensé en Ti, mi Padre y Salvador. A Ti, que todo lo ves: por todo este mal que ves en mí y que reconozco en mi confusión, te pido perdón y te amo, ¡oh Padre y Salvador mío!’

En ese mismo instante murió, y aquí está ahora, delante de Mí. Yo lo juzgo con el amor de un Padre, tal como me llamó. Está salvado. Tendrá que quedarse un tiempo en el lugar de expiación, y luego será feliz por toda la eternidad. Y Yo, que durante su vida me complacía en la esperanza de salvarlo a través de su arrepentimiento, me regocijo ahora aún más con Mi corte celestial, porque se ha cumplido Mi deseo y por poder ser su Padre por toda la eternidad.”

Para quienes estén interesados en escuchar más sobre el amor del Padre, les recuerdo que hace algunos meses subimos dos conferencias en YouTube donde tratamos más extensamente el tema:

El amor del Padre Celestial (Parte 1):

El amor del Padre Celestial (Parte 2):


Harpa Dei acompaña musicalmente las meditaciones que a diario ofrece el Hno. Elías, su director espiritual. Éstas se basan normalmente en las lecturas bíblicas de cada día; o bien tratan algún otro tema de espiritualidad.
http://es.elijamission.net

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