«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga» (Mc 8,34).
Seguir a Cristo significa hacer realidad el plan que Dios ha trazado para nuestra vida. Este plan brota del corazón de un Padre amoroso. Quizás, al oír esta exhhortación del Señor, se nos venga a la mente la idea de que es perder la alegría de vivir y la libertad para elegir por nuestra cuenta lo que creemos que nos haría felices. Sin embargo, esta idea se basa en una imagen errónea de Dios.
¿Acaso Dios podría haber previsto algo para nosotros que no fuera lo mejor? ¿No nos conoce mejor que nosotros mismos? ¿No tiene clara la meta hacia la que quiere guiarnos a través de todo lo que la vida pueda depararnos? ¿No tiene preparada para nosotros una morada en la gloria eterna?
El mismo Jesús nos dirige estas maravillosas palabras: «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,10b).
Una vida en abundancia es una vida en la gracia de Dios, una vida en la que nuestro corazón se llena cada vez más de su amor. Por lo tanto, la negación de sí mismo a la que Jesús nos exhorta debe consistir en dejar atrás todo aquello que obstaculiza la verdadera vida o incluso nos la arrebata. De hecho, si estamos demasiado apegados a las cosas pasajeras, difícilmente podremos captar la belleza de una vida en Dios.
También la exhortación a tomar nuestra cruz tiene un profundo sentido. Sería un error imaginarnos los sufrimientos más atroces que podrían sobrevenirnos y que nos sentimos incapaces de afrontar. Simplemente confiamos en Jesús y, con Él y por amor a Él, cargamos con las diversas dificultades y sufrimientos que se nos presentan en el camino. Dios siempre nos concederá la gracia necesaria para ello y no nos pedirá más de lo que podamos sobrellevar.
Este es el vídeo que contiene las palabras de Jesús que hoy hemos meditado:
