En la meditación de ayer, hablamos del peligro de que, si permanecemos atrapados en un autoengaño y no logramos salir de él, nuestro discernimiento espiritual puede verse empañado, de manera que ya no seamos capaces de reconocer con claridad los engaños en el mundo o en la Iglesia que, en realidad, deberíamos detectar fácilmente gracias a nuestra fe católica. Hay que tener en cuenta que, por lo general, no se trata de meros errores humanos, sino que, en cuestiones tan importantes como las mencionadas ayer, es el «padre de la mentira» quien actúa detrás y no escatima esfuerzos para apartar a los hombres del camino de la salvación o, al menos, dificultarlo.
El engaño del que hablaré hoy afecta tanto al mundo como a la Iglesia. En este contexto, me gustaría señalar que ya he tratado a fondo este tema en varias publicaciones disponibles en mi página web. En en el marco de esta meditación, me limitaré a tratarlo en relación con el autoengaño y los grandes engaños. Dada su importancia, recomiendo encarecidamente leer los artículos más detallados en los siguientes enlaces:
“Reflexión sobre la vacuna”: https://es.elijamission.net/blog-post/reflexion-sobre-la-vacuna-contra-covid-19/
“El Gran Engaño”: https://es.elijamission.net/blog-post/el-gran-engano/
“Actualización: Reflexión sobre la vacuna”: https://es.elijamission.net/blog-post/actualizacion-reflexion-sobre-la-vacuna/
Asimismo, las confusiones señaladas ayer en materia moral también las he tratado extensamente en mis publicaciones sobre «Amoris Laetitia» (https://es.elijamission.net/blog-post/primera-herida-la-exhortacion-amoris-laetitia/) y «Fiducia Supplicans» (https://es.elijamission.net/blog-post/fiducia-supplicans-la-flagelacion-del-senor/).
En cuanto al tema de hoy, citaré un extracto de mi artículo titulado «Una funesta alianza entre Iglesia y Estado» (https://es.elijamission.net/blog-post/quinta-herida-una-funesta-alianza-entre-iglesia-y-estado/).
Fue a principios del 2020 cuando la crisis del coronavirus irrumpió como una densa sombra en este mundo, cambiándolo en cuestión de días de una manera que hasta entonces nos resultaba inimaginable.
Se quería inocular lo antes posible a toda la población mundial para contrarrestar el virus. Sin embargo, las promesas que se hicieron en relación a esta “vacuna” y las falsas esperanzas que se crearon no resistieron a la realidad.
Muy pronto se constató que, después de vacunarse, las personas no quedaban protegidas del virus ni tampoco evitaban el contagio de otras. Asimismo, las mascarillas que debían usarse obligatoriamente no ayudaron a impedir la proliferación del virus; sino que incluso tuvieron efectos nocivos para la salud. Surgió un escenario muy atípico para estados liberales: aquellos científicos que advertían de la vacunación y predecían sus consecuencias negativas, de repente fueron marginalizados, a pesar de haber gozado hasta entonces de mucho prestigio. Prácticamente se los tachaba de falsos profetas o “conspiranoicos”. Los tratamientos alternativos contra el Covid-19 fueron rechazados o incluso prohibidos, porque supuestamente no tenían aval científico.
En resumen, se permitía una única narrativa válida, que fue difundida con vehemencia y uniformidad por los medios de comunicación y los organismos públicos. Cualquier otra información o crítica de los métodos empleados se convertía rápidamente en objeto de sospechas.
Entretanto, se sabe que estas vacunas han causado graves daños. Muchas personas fallecieron a causa de ellas; otras quedaron enfermas de por vida. La mayoría de los pastores de la Iglesia no brindaron la orientación adecuada durante la crisis del coronavirus. Salvo algunas voces aisladas que asumieron su responsabilidad, la jerarquía eclesiástica no expresó ninguna crítica hacia estas vacunaciones masivas, ni siquiera teniendo en cuenta sus implicaciones morales negativas, en particular su conexión indirecta con la industria del aborto. Todo lo contrario: se recomendó a los fieles que se vacunaran e incluso se calificó esta acción de «acto de amor al prójimo». ¡Qué engaño tan grotesco!
Pero, ¿cómo fue posible que se llegara a tal engaño? Es cierto que hubo quienes resistieron, tanto en el mundo como en la Iglesia. Por tanto, hubo personas que, por convicción, se negaron a vacunarse. Sin embargo, la gran mayoría cayó en este engaño y aún hoy muchos no se dan cuenta de que fueron engañados, o quizá no quieren saberlo siquiera. Si este es el caso, incurren además en un autoengaño, ya que hacen caso omiso de aquellas informaciones que pondrían de manifiesto el peligro y las consecuencias de estas vacunas. Cuando esto sucede, corren el riesgo de ser incapaces en futuro de identificar otros engaños que puedan presentarse.
Si simplemente hicimos caso y confiamos en las recomendaciones sobre la vacuna, cabe preguntarnos si obedecimos sin mayor reflexión a las autoridades civiles y eclesiásticas. ¿O nos dejamos contagiar por el miedo generalizado y nos dejamos llevar por la influencia masiva de las campañas mediáticas? ¿Acaso no nos atrevimos a defender un punto de vista distinto porque la presión de nuestros familiares o conocidos era muy fuerte? ¿O estábamos en peligro de perder nuestro empleo?
¿Por qué abordo este tema en el marco de las meditaciones diarias, que se basan, en primer lugar, en textos de la Sagrada Escritura y pretenden ayudar a entenderlos mejor?
Si tuviera que expresarlo con pocas palabras, recurriría al siguiente versículo del Libro del Apocalipsis, en el que el Señor dirige esta promesa a la iglesia de Filadelfia: «Porque has guardado mi mandato de perseverar, yo también te guardaré a la hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo para probar a los habitantes de la tierra» (Ap 3,10).
Esta «hora de la tentación» para todo el mundo podría referirse a la manifestación del Anticristo al final de los tiempos, que seducirá y engañará a la humanidad. Quien se encuentre atrapado en el autoengaño y vaya perdiendo progresivamente la luz del discernimiento de los espíritus tendrá dificultades para reconocer los sutiles engaños del Anticristo y su Falso Profeta. Por eso es importante aferrarse a la doctrina de la Iglesia y vivir con la conciencia tranquila ante Dios. Por desgracia, los engaños se han infiltrado incluso en nuestra Santa Iglesia. Sobre ello hablaremos mañana…
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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/en-dios-nuestro-corazon-esta-en-casa-3/
Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/la-expulsion-de-los-espiritus-inmundos-4/
