“ESPERAR LA LUZ DE DIOS”  

«Espera siempre hasta tener claras las cosas y nunca te precipites» (Palabra interior).

¿De qué manera tomamos las decisiones en aquellas cuestiones que no están predeterminadas y para las que necesitamos luz? ¿Consultamos a nuestro Padre y esperamos a que su luz nos muestre el camino que debemos tomar? A menudo, las circunstancias y nuestro ímpetu natural nos presionan para tomar decisiones rápidas. Queremos saber cuanto antes qué tenemos que hacer. A menudo nos dejamos llevar por un dinamismo externo en lugar de refrenarlo. A veces también nos sentimos presionados por otras personas. En pocas palabras, nos cuesta esperar al momento indicado.

En el camino espiritual, aprendemos a actuar de otra manera. Entendemos que es Dios quien nos guía y que debemos esperar el momento oportuno. Esta espera no nos vuelve perezosos ni indecisos, sino que aprendemos a actuar en el «kairós», es decir, a esperar el momento preciso. Y sabemos que el tiempo está en manos de Dios. Así, nos despojamos de la prisa y la precipitación, y en su lugar surgen la confianza y la paciencia.

Pero este camino es más que un mero ejercicio de paciencia, pues significa esperar en el Señor y, así, todo adquiere otra dimensión. Queremos hacer lo que Dios tiene previsto. Queremos seguir el camino que Él nos ha trazado y actuar en unión con nuestro Padre.

Esto exige una decisión por nuestra parte. No basta con el deseo de vivir bajo la guía de Dios a nivel general, sino que debemos concretarlo en las situaciones específicas, esperando la luz de Dios para tomar nuestras decisiones. Si, a pesar de haber orado y esperado, no logramos comprender la indicación del Señor y es necesario tomar una decisión, entonces podemos actuar según nos dicte la razón.