NOTA PRELIMINAR: hoy dirijo mi saludo y gratitud especialmente a nuestros nuevos colaboradores brasileños, que a partir de este día nos ayudarán a seguir difundiendo mis meditaciones y los «3 Minutos para Abbá» en portugués.
«He escogido este día para iniciar mi Obra entre los hombres, porque es la Fiesta de la Preciosa Sangre de mi Hijo Jesús. Tengo la intención de bañar en esta Sangre la Obra que he venido a iniciar, para que produzca grandes frutos en la humanidad entera» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Se trata de la gran obra de amor que nuestro Padre estableció en 1932 con el fin de que los hombres pudieran conocerlo mejor. Para ello, escogió a una religiosa a quien se le apareció y le dictó el Mensaje en el que expresó sus deseos para la humanidad. En este contexto, Dios señala que es una gran gracia para la humanidad, ya que, como el Padre recalca una y otra vez en el Mensaje a Sor Eugenia, los hombres aún no le conocen con la suficiente profundidad, especialmente en lo referente a su amor por ellos. A menudo, siguen teniendo una imagen errónea de Dios.
Aunque dicha aparición ha sido reconocida como auténtica por la Iglesia, hasta la fecha no se ha cumplido un deseo fundamental expresado por nuestro Padre: la instauración de una fiesta litúrgica para honrar a la Primera Persona de la Santísima Trinidad bajo el nombre de «Padre de toda la humanidad». Si bien el cumplimiento de esta petición compete en primera instancia a la jerarquía eclesiástica, todos podemos cumplir el otro gran deseo de nuestro Padre Celestial: conocerlo, honrarlo y amarlo tal y como es en realidad.
Al elegir esta Santa Fiesta de la Sangre de Cristo (que sigue celebrándose como solemnidad cada 1 de julio en el calendario tradicional) para sumergir su obra en la Sangre de su Hijo, nuestro Padre nos muestra que, con su venida, desea actualizar la gracia de la Redención para nosotros, los hombres.
Como cristianos, sabemos que hemos sido redimidos mediante la sangre de Jesús (Ef 1,7). Su amor, que lo llevó hasta la muerte en cruz, nos ha dado acceso al Padre celestial. Con su aparición a la Madre Eugenia y su Mensaje a toda la humanidad, nuestro Padre mismo quiere hacernos entender cuánto nos ama.
