“LA HORA DE LA TENTACIÓN”  

«Porque has guardado mi mandato de perseverar, yo también te preservaré de la hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo, para probar a los habitantes de la tierra» (Ap 3,10).

Hoy seguimos escuchando las palabras que el Señor dirige a la iglesia de Filadelfia en la Revelación de San Juan, a la que alaba por su fidelidad. Podemos considerarla un modelo de iglesia fiel en tiempos de tribulación.

Jesús destaca la perseverancia de esta iglesia. De hecho, esta virtud cobra especial relevancia cuando la santa fe se ve atacada.

Nos enfrentamos, en efecto, a muchos enemigos persistentes: las tentaciones que proceden de nuestras propias inclinaciones desordenadas, las seducciones del mundo y los ataques del diablo, que «como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1Pe 5,8). Frente a estos enemigos, hay que resistir con perseverancia y con la fuerza de Dios, permaneciendo firmes en la fe. Aunque haya períodos de cierta calma, siempre hay que mantenerse alerta.

¿A qué se habrá referido el Señor al hablar de la «hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo para probar a los habitantes de la tierra»?

Ciertamente, este término no se reduce a la dimensión personal, aunque siempre esté incluida. ¿Podría referirse a una vasta apostasía de la humanidad, a engaños que alejan a los hombres de Dios, o tal vez incluso a la seducción del Anticristo, quien pretende sentarse en el trono de Dios? ¿Llegará la hora de la decisión para todos los hombres, en la que habremos de demostrar si amamos más a Dios que a nosotros mismos?

Lo decisivo es que, como dice el Señor a la iglesia de Filadelfia, perseveremos y le seamos fieles hasta la muerte, pase lo que pase. Entonces se cumplirá su promesa de preservarnos de la hora de la tentación.