“EN LA ESCUELA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD”

«Presta atención a cada uno de tus días y déjate instruir cada día en la escuela de la Santísima Trinidad» (Palabra interior).

Nuestro Dios, grande e infinito, no desdeña invitarnos a su escuela de sabiduría. Al fin y al cabo, Él es el Padre de quien todo procede; su Hijo vino al mundo para transmitirnos de forma palpable el amor y la sabiduría de Dios, y el Espíritu Santo es «el amor de Dios derramado en nuestros corazones» (Rm 5,5), quien nos recuerda todo lo que Jesús dijo e hizo (Jn 14,26).

¿Qué más podría faltarnos? ¡Nada!

Por parte de Dios, todo nos ha sido dado. Ahora nos toca a nosotros escuchar atentamente y aprender de cada situación. Empezamos a hacerlo cuando tomamos conciencia de que nada ocurre sin que nuestro Padre Celestial lo quiera o lo permita. Así encontramos la clave esencial para comprender nuestra vida. Ya no la consideramos como una cadena de circunstancias al azar, sino que la reconocemos a la luz de Dios, tal y como afirma el salmo: «Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos» (Sal 31,8).

En situaciones concretas, también podemos preguntarle a Jesús mismo si Él experimentó algo similar durante su vida terrenal y pedirle que nos enseñe a afrontarlas como Él lo hizo.

Si no es así, podemos recurrir a uno de los maravillosos dones del Espíritu Santo: el espíritu de consejo. ¡Que Él nos muestre qué debemos hacer en la situación en la que nos encontramos!

Como nos exhorta la frase de hoy, se trata de aprender día tras día. Esto corresponde al carácter de camino que tiene nuestra vida y a la plenitud de Dios, de la que podemos participar cada vez más.

El amor de un Dios infinito hacia su criatura siempre será un motivo de alegría para nosotros. Y lo iremos comprendiendo cada día mejor si nos dejamos instruir en la escuela de la Santísima Trinidad.