“LA INVENCIBILIDAD DE UN ALMA QUE AMA” 

«Ni las circunstancias físicas ni las del espacio pueden limitar la libertad de un alma que ama»(San Bernardo de Claraval).

El arte del verdadero amor consiste en hallar el sentido más elevado de todas las cosas cuando se aprende a verlas desde la perspectiva del Padre Celestial. Incluso el sufrimiento y las circunstancias más difíciles pueden vencerse cuando el alma está unida a Dios. En cierto modo, se vuelve invencible, ya que encuentra el puente que la conecta con Él en todas las circunstancias. Así, tampoco permite que la dinámica negativa de las circunstancias la desanime y siempre preserva su libertad.

A menudo podemos observarlo de manera admirable en los mártires. Ante los tormentos que tenían que soportar o con los que eran amenazados, no perdían el ánimo ni permitían que estos los indujeran a acciones contrarias a la voluntad de Dios. ¡Todo lo contrario! En medio de su angustia, entregaban al Señor el gran regalo de la vida y, por amor a Él, permanecían fieles a su camino. Se manifestaba en ellos el espíritu de fortaleza, que les hacía capaces de buscar y concretar el amor divino en todas las situaciones. Dios mismo les daba la fuerza, preservando así su libertad.

Pero esto no se aplica únicamente al martirio de sangre. Todas las circunstancias de nuestra vida deben definirse por el espíritu de la libertad. Siempre y cuando permanezcamos en diálogo interior con nuestro Padre, Él nos hará capaces de preservar nuestra libertad en cualquier situación. El Apóstol de los Gentiles lo expresó claramente con estas magníficas palabras:

«¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? En todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó» (Rom 8,35.37).

Es el amor de Dios el que concede libertad a las almas que aman, una libertad que nadie podrá arrebatarles.