Con la meditación de hoy, llegamos al final de la lista de las graves desviaciones dentro de la Iglesia, que revelan la influencia del espíritu anticristiano.
Aún nos queda por mencionar el malsano rechazo hacia la Santa Misa en su rito tradicional, tal y como se celebró durante tantos siglos. Dicho rechazo se puso de manifiesto en diversas declaraciones y medidas durante el último pontificado, en particular en el Motu Proprio Traditiones Custodes. Así, la intención del papa Benedicto XVI de permitir que la Misa Tridentina recibiera el respeto y la práctica que merece se vio frustrada en gran medida.
Tampoco podemos pasar por alto otra de las graves desviaciones que puso de manifiesto la influencia anticristiana en la Iglesia. Me refiero a la declaración Fiducia Supplicans. En este marco, me limitaré a abordar brevemente el tema y remito a quienes quieran estudiarlo más a fondo a leer un artículo que publiqué hace algún tiempo sobre este documento: https://es.elijamission.net/blog-post/fiducia-supplicans-la-flagelacion-del-senor/
La declaración Fiducia supplicans, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 18 de diciembre de 2023, plantea una propuesta novedosa que contradice el camino trazado por la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia. A través de las instrucciones de este documento, se pretende impartir la bendición divina a uniones pecaminosas. En lugar de llamar a la conversión a las personas afectadas, esta «bendición» constituye un engaño.
A pesar de todas las formulaciones de Fiducia Supplicans que pretenden presentar este «nuevo camino pastoral» como si estuviera en armonía con el camino precedente de la Iglesia, hemos de aferrarnos a la verdad contundentemente expresada por el cardenal Müller, Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe: un sacerdote católico nunca puede bendecir una relación pecaminosa, ya que esto representaría una aprobación divina de dicha unión. Por tanto, el cardenal Müller concluye que tal bendición sería una blasfemia.
Cabe destacar las palabras claras e inequívocas que los obispos de Kazajistán han publicado sobre Fiducia Supplicans:
«El hecho de que el documento no dé permiso para el «matrimonio» de parejas del mismo sexo no debería cegar a pastores y fieles ante el gran engaño y el mal que reside en el permiso mismo para bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo. Tal bendición contradice directa y seriamente la Divina Revelación y la doctrina y práctica ininterrumpida y bimilenaria de la Iglesia Católica. Bendecir a las parejas en una situación irregular y a las parejas del mismo sexo es un abuso grave del Santísimo Nombre de Dios, ya que este nombre se invoca sobre una unión objetivamente pecaminosa de adulterio o de actividad homosexual».
Cabe destacar que en las últimas meditaciones solo he mencionado las desviaciones más graves y que se podrían enumerar muchas otras cosas que ponen de manifiesto la influencia, e incluso el dominio, de un «espíritu distinto» en la Iglesia. Basta con echar un vistazo a la Iglesia en Alemania, cuya jerarquía se muestra como una «vanguardia» de las desviaciones sinodales, para constatar lo que también se pretende implementar en Roma, aunque a un ritmo un poco más lento para abarcar a la Iglesia universal.
Puesto que León XIV ha dejado claro con sus palabras y su línea que llevará adelante el camino de su predecesor, la situación de emergencia de la Iglesia no ha mejorado. Con cada día en que se enseñan y consolidan doctrinas erróneas en lugar de corregirlas y expiarlas, crece la sombra que se cierne sobre la Iglesia.
Por tanto, debemos centrar nuestra atención en cómo afrontar una situación así. Para ello, es imprescindible que primero reconozcamos los desvíos y los peligros que estos suponen para la Iglesia y para el mundo.
Para no caer en las seducciones anticristianas, es importante aferrarse a la sana doctrina de la Iglesia y a la praxis que de ella se deriva (ortopraxis). El apóstol san Pablo llega a decir que, aun si un ángel del cielo nos anunciara un evangelio distinto, no debemos prestarle oído (cf. Gal 1,8). ¡La Iglesia católica tiene una doctrina clara y sin ambigüedades! ¡Infinitas gracias a Dios por ello! Ciertamente, puede comprendérsela con creciente profundidad y precisión; pero la doctrina nunca puede contradecirse a sí misma. No deberíamos prestar oído a alguien que no transmita esta «agua cristalina» de la sana doctrina o que la ponga en duda. Al cerrar el oído a las fábulas de las que advierte san Pablo (cf. 2Tim 4,3-4), ya estamos ofreciendo resistencia, porque evitamos que el error siga propagándose.
¡La enseñanza moral de la Iglesia no ha cambiado! El pecado sigue siendo pecado y no se puede presentar como si no fuese grave. La verdadera misericordia no consiste en relativizar el pecado, sino en ayudar a la persona a salir de una situación perjudicial para que su vida se ajuste objetivamente a la voluntad de Dios. Para ello se necesita mucha paciencia y habrá que evitar la dureza. Sin embargo, jamás será un acto de misericordia dejar a las personas en su vida desordenada o, peor aún, confirmarlas en esa forma de vivir. Eso sería inducirlas al error e iría en contra de su vocación trascendente de vivir como verdaderos hijos de Dios. Los actos homosexuales, el adulterio, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la masturbación, etc., siguen siendo pecado, aunque el mundo —e incluso obispos y sacerdotes que yerran— digan lo contrario. La santa comunión solo puede recibirse en estado de gracia. Quien no pueda ayudar directamente a las personas en esta o aquella situación crítica, siempre puede orar y ofrecer sacrificios por ellas.
Quien permanezca firme y asuma su responsabilidad en este sentido, ya está ofreciendo resistencia contra los poderes de la oscuridad, pues estos quieren confundir, si es posible, también a los fieles y seducirlos para que abandonen o relativicen la claridad de su pensamiento, con todo lo que esto implica.
Mañana continuaremos con este tema…
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Meditación sobre el evangelio del día (Fiesta del Apóstol Santiago): https://es.elijamission.net/el-servicio-es-la-verdadera-grandeza-4/
