“PONER CADA DÍA EN LAS MANOS DE DIOS”  

«Lo importante es que pongas cada día en mis manos, incluso cuando te sientas cansado y agotado» (Palabra interior).

No pocas veces sucede que queremos hacer más de lo que realmente somos capaces. Una de nuestras limitaciones puede ser precisamente el cansancio y el agotamiento. En su bondad, nuestro Padre celestial tiene en cuenta esta realidad. No es que solo merezcamos su amor cuando hemos rendido al máximo. Antes bien, su amor nos acompaña en todas las situaciones.

Sin embargo, lo que Dios espera de nosotros es que pongamos cada uno de nuestros días en sus manos, considerándolo como un regalo de su bondad. El cansancio forma parte de la naturaleza humana mientras estemos en la tierra. Tenemos limitaciones que debemos aceptar. Si lo hacemos, estaremos en paz con nuestra condición.

¡Qué hermosa invitación nos dirige nuestro Padre al permitirnos entregarle también nuestras limitaciones y recordarnos que, ante todo, desea que recorramos cada día de su mano! Cuando nos sintamos fortalecidos y las cosas nos salgan bien, alabémosle y démosle gracias. Cuando tengamos que «arrastrarnos» a lo largo del día, elevemos nuestra mirada hacia Él y agradezcámosle por habernos sostenido en nuestra debilidad. Y si nos sobrevienen contratiempos, soportémoslos con la mirada puesta en nuestro Padre. Estos percances pueden hacernos crecer en humildad. Si hemos caído por nuestra debilidad, arrojémonos al océano de la misericordia de Dios, que quiere purificarnos; demos gracias al Señor por su perdón y pongamos también ese día difícil en sus manos.

Nuestro Padre nos mirará y nos dirá: «¡Tú eres mío!».

¡Así es nuestro Padre!