«Cinco vírgenes prudentes, junto con las lámparas, llevaron aceite en sus vasijas. A medianoche se oyó una voz: ‘¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!’» (Mt 25,4.6).
Con esta parábola de Jesús sobre su Retorno, concluyo la serie en la que hemos meditado sobre diversas palabras del Señor, acompañadas por breves vídeos con los cantos gregorianos correspondientes, entonados por Harpa Dei. La frase de hoy es un final significativo, que nos recuerda la Segunda Venida de Nuestro Señor.
Las vírgenes prudentes nos sirven de ejemplo de cómo debemos estar preparados para la venida del Señor, ya sea que experimentemos su Parusía o nos encontremos cara a cara con Él en la hora de nuestra muerte. La parábola nos recuerda una actitud fundamental que debe marcar nuestra vida cristiana: la vigilancia y la preparación espiritual para acudir confiadamente al encuentro con nuestro Padre Celestial cuando haya llegado nuestra hora.
Del mismo modo que las Sagradas Escrituras no nos revelan el día ni la hora del Retorno de Cristo al final de los tiempos (Mt 24,36), las vírgenes que esperan al Esposo tampoco conocen el momento exacto de su llegada.
Cuando resuena el llamado, ya es medianoche, el momento en que normalmente todos duermen. Esto es significativo, pues solo aquellas vírgenes que estaban lo suficientemente despiertas y que, mediante su fiel oración y sus buenas obras, habían llevado aceite en sus vasijas, estaban preparadas para salir al encuentro del Esposo.
A esa vigilancia estamos llamados, y la interiorización de la Palabra de Dios nos preservará de caer en esa somnolencia que nos hace estar desprevenidos cuando se cumple la hora de la llegada del Esposo.
NOTA: A partir de mañana, volveré a recurrir a diversos textos para los «3 Minutos para Abbá», siempre con el fin de comprender mejor el amor de nuestro Padre Celestial y corresponderle con alegría.
Este es el vídeo que contiene las palabras de Jesús que hoy hemos meditado:
