“¿CÓMO AFRONTAR LA AVERSIÓN A LA ORACIÓN?”  

«Cuando el diablo quiere destruir a alguien, comienza por infundirle una gran aversión a la oración» (San Juan María Vianney).

Siempre debemos estar preparados para los diversos tipos de resistencia que pueden surgir y que intentan impedir nuestro avance en la vida espiritual. Es cierto que, en el camino de seguimiento de Cristo, puede surgir en ciertas almas contemplativas una especie de aversión a la oración vocal, pero ésta no se dirige contra la oración en sí misma. Más bien, les lleva a buscar con más intensidad la oración silenciosa y la contemplación.

En la frase de hoy, el Cura de Ars se refiere a otro tipo de aversión. En este caso, el diablo quiere inducirnos a dejar de orar, a acortar cada vez más el tiempo reservado a la oración y a ocuparlo con otras cosas. El mismo santo nos aclara: «La oración es para el alma como la lluvia para la tierra».

Las consecuencias de descuidar la oración son evidentes. El alma se ve privada de un alimento sólido y, en su lugar, se sumerge cada vez más en sus deseos naturales. Se debilita y, con el paso del tiempo, pierde su vitalidad.

Para contrarrestar este peligro, simplemente debemos respetar fielmente los horarios de oración establecidos, por más áridos y distraídos que nos sintamos. Recordemos en esos momentos que nuestra oración no solo sirve para nuestra salvación personal, sino que toda oración sincera glorifica a Dios. Esto también se aplica cuando no sentimos nada o incluso percibimos una aversión. No debemos dejarnos engañar por los sentimientos. Además, cada oración sirve a la Iglesia, es decir, a los fieles, y también puede resultar fructífera para aquellos que aún se encuentran lejos de Dios.

Sin duda, no es fácil imponerse a uno mismo y a los sentimientos negativos que el diablo se encarga de reforzar. Sin embargo, nos ayudará elevar la mirada hacia nuestro Padre, que no dudará en venir en nuestro auxilio.