“YO SOY LA LUZ DEL MUNDO”

«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).

¡Luz, luz, luz! ¡Cuán importante es la luz para toda la creación! Hace posible que la vida se desarrolle. Si todo el mundo natural espera ansiosamente la luz, ¡cuánto más nuestra alma! Anhela que la luz de Dios brille sobre ella. 

Con la comparación de la luz, Jesús nos muestra claramente en qué consiste la verdadera vida. Y en Él, en nuestro Señor Jesucristo, nos visita «el sol que nace de lo alto» (Lc 1,78). 

«El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo» (Jn 1,9). Nos trae la vida divina, para la cual fuimos creados. «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1,4). 

Si escuchamos a Jesús y le seguimos, tendremos un camino seguro que nos conducirá a través del tiempo hacia la eternidad, iluminados por la verdadera luz de la vida. 

Jesús es el inconmensurable regalo de nuestro Padre celestial a la humanidad. En su inefable amor, Dios mismo se ha abajado a nosotros en su Hijo, que es la luz y la vida. En Jesús podemos llegar a conocer a nuestro amado Padre celestial. En su Hijo se nos revela de forma incomparable. 

Para nosotros, esto significa que hemos de confiarnos sin reservas a Jesucristo y seguirle. Nuestro Padre no se ha limitado a darnos algo de sí, sino que se nos ha donado a sí mismo por completo. ¡Así es nuestro Padre!

Este es el vídeo que contiene las tres palabras de Jesús de las tres primeras meditaciones de esta serie: 

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