“RESISTIR CON EL ESCUDO DE LA FE”

«¡Nunca te dejes intimidar por las maquinaciones de los demonios!» (Palabra interior).

En nuestro camino espiritual, no podemos ni debemos pasar por alto estas potestades hostiles a Dios. Es cierto lo que dice santa Teresita del Niño Jesús cuando habla de los «demonios cobardes» que no pueden hacernos daño si vivimos en estado de gracia. El Señor confirió a sus apóstoles poder sobre los espíritus inmundos (cf. Mc 3,15). Sin embargo, san Pedro nos advierte en su epístola: «Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (Palabra interior).

Estos ángeles caídos, a los que las Sagradas Escrituras denominan demonios, pretenden arrebatar a los hombres su tesoro más preciado: el amor hacia su Creador y Redentor, su bondadoso Padre. Por eso, intentan engañar a las personas con toda clase de astucias y difundir su impotente odio hacia Dios.

Hay que aprender a lidiar con estos ataques. Cuanto más luchemos por la santidad y nos esforcemos por difundir el Evangelio, más oposición debemos esperar de su parte. Esta puede consistir en tácticas de desgaste o acusaciones constantes, en sembrar miedo o en reforzar las inclinaciones negativas de nuestra naturaleza caída. También quieren mantenernos atrapados en ilusiones, enredarnos en falsas doctrinas, etc. En pocas palabras, quieren aprovecharse de todo para sus planes inicuos.

Sin embargo, no debemos dejarnos intimidar ni concederles así un poder sobre nosotros que no les corresponde. Por ello, no debemos centrar nuestra atención en los demonios ni intentar explorar las «profundidades de Satanás», como dice el Libro del Apocalipsis (2,24), sino dirigirnos directamente a nuestro divino Padre a través de la oración. Se trata de recurrir a la ayuda de Dios contra estas potestades y hacerlo una y otra vez. Así, será nuestro Padre mismo quien vencerá en nosotros y ellos tendrán que huir.

Por tanto, sí, debemos estar vigilantes, ¡pero sin miedo a los demonios!