Parte VI: Características del Anticristo

Como su nombre indica, el Anticristo se presentará como un imitador del Redentor, pero tratará de ocultar su profunda aversión y enemistad hacia Cristo. Así pues, podría incluso citar el Evangelio, pero poniendo especial énfasis en aquellos pasajes que se refieren a las necesidades de las personas, para dar la impresión de que actúa movido por la caridad cristiana y presentarse como un defensor de la justicia y la misericordia. En realidad, ofrecerá una especie de «evangelio intramundano», que niega la trascendencia de Dios y la necesidad de Redención del ser humano. Lo que ocultará cuidadosamente será su «misión satánica», que consiste en alcanzar el dominio global y penetrar en el templo de Dios para usurpar su lugar (cf. Mt 24,15).

El Anticristo ejercerá influencia sobre la Iglesia, queriendo valerse de ella para sus propios fines y tratando de pervertir la misión que le ha sido encomendada. Conseguirá poner de su parte a un considerable número de cristianos y causará una enorme confusión en el tiempo de la gran apostasía.

No son pocos los que sospechan que el Anticristo tendrá a su lado una especie de «Falso Profeta» (cf. Ap 19,20), que habría preparado previamente su advenimiento. Lamentablemente, no se puede descartar la posibilidad de que este Falso Profeta provenga del ámbito eclesiástico, del mismo modo que al Anticristo no le resultará ajena la fe cristiana. Recordemos lo que advierte san Juan en su carta: «Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros» (1Jn 2,18-19).

Lo que se esconde tras la aparente filantropía del Anticristo se desenmascarará en el momento en que se le ofrezca resistencia, que provendrá, en primera instancia, del ámbito cristiano. Solo entonces mostrará su verdadero rostro y perseguirá cruelmente a quienes se aferran a los mandamientos de Dios, a quienes dan testimonio de su Majestad y, por tanto, no lo reconocen a él como supremo soberano.

Algunos, también en el ámbito profético, sospechan que, bajo la influencia del Anticristo, existirá una especie de «falsa iglesia» que perseguirá brutalmente a la verdadera Iglesia de Cristo.

Quizá pueda explicarse así: una Iglesia mundanizada, en la que se ha infiltrado el error, no podrá resistir al Anticristo, pues ya estará debilitada por el espíritu anticristiano, de modo que él podrá servirse de ella para sus perversos planes. La fiel «multitud del Cordero» (cf. Ap 7, 9.14) será la que ofrezca resistencia con la gracia de Dios y tendrá que huir por un tiempo al desierto (cf. Ap 12,6). Esto también puede referirse a una especie de «desierto espiritual» al que los fieles deban retirarse para escapar de la influencia del Anticristo.

Entretanto, los «discípulos del Anticristo» ya han logrado que su influencia llegue a ser la opinión políticamente correcta, el «mainstream», en muchos países democráticos. A través de la política y los medios de comunicación, están imponiendo una especie de «dictadura del relativismo» que no tolera que las personas crean en valores absolutos y actúen conforme a ellos.

El socavamiento de los mandamientos de Dios, el enfoque del sentido de la vida solo en lo inmanente, en las cosas de este mundo, la desorientación moral, la drástica pérdida de fe, la enajenación de la fe en la esfera pública, la creciente inmoralidad, la manipulación a través de los medios y de las redes sociales, la globalización de la decadencia occidental con su «cultura de la muerte»… Todos estos son signos de que no estamos viviendo en un «siglo de oro» que brilla por la civilización del hombre. Más bien parece que se está preparando un dominio que querrá aprovecharse de esta decadencia para erigir un reino distinto al de Dios. La ceguera que surge del pecado y la ignorancia acerca del verdadero sentido de la vida harán que muchos caigan víctimas de los engaños del Anticristo.

La «religión» o cosmovisión del Anticristo no exigirá a las personas que se conviertan y cambien para bien, sino que ofrecerá al hombre una supuesta libertad para ceder a sus inclinaciones y apetencias, siempre y cuando éstas no afecten a otras personas. Se omite toda dimensión trascendente y la responsabilidad de la propia vida ante Dios. La religión del Anticristo será una especie de «religión inmanente», ya que toda trascendencia pondría de manifiesto el reinado de Dios. Por eso, se pondrán en primer plano valores como la paz, la beneficencia, la ecología, la formación académica, la lucha contra el hambre y la pobreza, la salud, etc. Todo ello sin señalar a Aquel que es el origen de toda buena obra: Dios mismo.

Así, el hombre toma el lugar de Dios.

Después de haber reflexionado ampliamente sobre la figura del Anticristo, nos dedicaremos en las próximas meditaciones a identificar la influencia que el espíritu anticristiano ya está ejerciendo en el mundo y en la Iglesia, para luego señalar las armas espirituales adecuadas para ofrecerle resistencia.

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/dios-ama-la-misericordia/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/el-verdadero-parentesco-de-jesus-5/