La posición del católico ante la Nueva Era

Eso no significa que Dios no pueda acompañar la búsqueda religiosa de una persona, aunque esté enredada en toda la confusión de la Nueva Era. Tal vez para alguien que no haya tenido una vivencia de la fe, el contacto con la Nueva Era pueda ser como un primer encuentro con el ambiente religioso. Si conocemos personas que estén en esta situación, hemos de orar por ellas e intentar guiarlas hacia el camino recto. Pero hay que estar conscientes de que probablemente habrá resistencia de su parte, porque, cuando alguien se ha metido más profundamente en la Nueva Era, es posible que la sienta superior a la fe católica. Le parecerá que se ha adentrado en un espacio más grande y más amplio que el camino cristiano, y no se da cuenta de que está equivocado. Estas personas suelen armonizar y conciliar todo, incluso las diferentes religiones. Ya no se plantea la cuestión de la verdad, y si uno, por el contrario, habla de la verdad absoluta, lo considerarán limitado; dirán que no posee un horizonte amplio, porque “cada cual puede tener su propia verdad”.

Si aplicamos el espíritu de discernimiento, resultará difícil entender cómo es que los contenidos de la Nueva Era están siendo adoptados incluso por personas católicas, o, peor aún, se los está ofreciendo en instituciones cristianas. Todavía más sorprendente es que haya monasterios donde se practica el Zen y el yoga.

Una de las razones podría ser la falta de vivencia de la verdadera espiritualidad cristiana, la falta de conocimiento de la tradición contemplativa de nuestra Iglesia y la desacralización de la vida eclesial, particularmente de la liturgia.

A estas carencias viene a añadirse una comprensión incompleta o incluso errónea sobre el manejo que se ha de tener para con las otras religiones y corrientes de pensamiento. En este punto predomina un extraño optimismo, y a menudo se olvida que el diálogo con las otras religiones debe tener como fin el que reconozcan al único Redentor: Jesucristo. Así, está actuando un espíritu ajeno, que debilita por dentro la fe católica; un espíritu a quien hay que rechazar en lugar de abrirle las puertas, tanto a nivel personal como a nivel de la Iglesia.


Harpa Dei acompaña musicalmente las meditaciones que a diario ofrece el Hno. Elías, su director espiritual. Éstas se basan normalmente en las lecturas bíblicas de cada día; o bien tratan algún otro tema de espiritualidad.
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