“LA ORACIÓN DEL SEÑOR”

«Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra; danos hoy nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos pongas en tentación, sino líbranos del mal» (Mt 6,9-13).

Esta es la oración que el propio Jesús nos enseñó para que podamos dirigirnos a nuestro divino Padre de esta manera tan familiar.

Sin duda, sería importante meditar detenidamente sobre cada una de sus palabras, pero, en este contexto, me gustaría detenerme en el nombre de «Padre», pues en el Mensaje que Dios Padre dirigió a la humanidad a través de la Madre Eugenia Ravasio en 1932 (https://www.amadopadrecelestial.org/mensaje), insistió en la importancia de que todos los hombres lo reconocieran como su Creador y Padre.

En dicho Mensaje, afirma lo siguiente: «Oportuna o importunamente, todo el mundo ha de enterarse de que hay un Dios y un Creador. Este Dios, que hablará repetidamente a su ignorancia, es desconocido para ellos. Ni siquiera saben que yo soy su Padre».

Por tanto, urge que los hombres lleguen a conocer a Dios como Padre. Todos deben saber que Él los ama y que todo lo que hace o permite sucede únicamente por su bien. Precisamente eso es lo que les hace falta a las personas: un Padre que las conoce y las guía con mano firme y tierna al mismo tiempo. Un Padre que las ama y las busca cuando han emprendido rumbos equivocados, para conducirlas de vuelta al buen camino. Un Padre que lo perdona todo, sin por ello minimizar la gravedad de las faltas del hombre. Dios es un Padre misericordioso, pero no blandengue. Es un Padre que quiere concedernos todas sus riquezas y vivir en íntima comunión con nosotros.

En lo más profundo de nuestro ser, todos buscamos un Padre así, un Padre que nos guíe a través del tiempo hacia la eternidad. Es Dios mismo quien ha sembrado este anhelo en nuestro corazón, ya que toda paternidad buena y perfecta procede de Él (Ef 3,14-15).

Jesús nos ha demostrado que el anhelo de un Padre así no es mera ilusión. Él mismo nos lo ha revelado y nos ha enseñado a dirigirnos a Él con esta santa oración.

Este es el vídeo que contiene las tres palabras de Jesús sobre la oración:

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