“CONTEMPLACIÓN DE LA VERDAD”

«El alma disfruta del silencio y la paz no mediante muchas reflexiones, sino simplemente meditando sobre la verdad» (San Pedro de Alcántara).

San Pedro de Alcántara, a quien Dios dotó de grandes dones místicos y que llevó una vida ascética excepcional, nos señala una valiosa fuente de oración. Una y otra vez, los maestros de la vida espiritual nos exhortan a permanecer simplemente en presencia de Dios.

Lo expresan de diversas maneras: algunos dicen que debemos sumergirnos en el amor de Cristo. También se podría decir que debemos buscar a nuestro Padre Celestial en lo íntimo de nuestro corazón. En fin, existen muchas otras formas de expresar la misma realidad.

No es tanto a través de los esfuerzos del intelecto como Dios nos concede el silencio y la paz, sino mediante la contemplación de la verdad, dejando que esta atraiga a nuestra alma. Basta con una simple mirada hacia ella. También se podría decir que debemos sumergirnos en ella, saborearla o, como expresarían los padres del desierto, «rumiarla» una y otra vez.

Una forma eminente de alcanzar esta contemplación de la verdad es permanecer en silencio ante el Santísimo Sacramento del Altar. En el sagrario o en el Santísimo expuesto está presente aquel que puede decir de sí mismo que es la verdad (Jn 14,6). Al mirarle y al dejarnos mirar por Jesús en la Eucaristía, nuestra alma recibe la paz interior, pues está allí donde anhela estar. Incluso si nos acosan pensamientos perturbadores, la simple permanencia ante el Señor tiene un valor infinito. Esta permanencia y nuestra meditación sobre el Señor puede consistir simplemente en decirle con el corazón: «Tú estás aquí y yo estoy aquí». ¡Eso basta!