«Primero debéis aprender a conocerme mejor y a amarme tal y como yo lo deseo; es decir, no sólo como vuestro Padre sino también como vuestro amigo y confidente» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
¿En qué consiste esta amistad a la que nos invita nuestro divino Padre?
La amistad con Él está sustentada en la confianza y la bondad de Aquel que nos la ofrece. En este caso, el iniciador es Dios mismo, cuyo amor por nosotros nunca vacila y que siempre nos colma con su gracia. Por nuestra parte, se requiere la voluntad de unificarnos plenamente con nuestro Amigo divino para que de esta amistad manen «ríos de agua viva» hacia este mundo.
Podemos exponerle todas nuestras inquietudes, lo que llevamos en el corazón, las esperanzas que albergamos y, sobre todo, expresarle una y otra vez nuestro deseo de estar plenamente unidos a Él. Podemos hablar abiertamente con nuestro Amigo y plantearle preguntas sobre aquello que no comprendemos de inmediato. ¡Es una inmensa alegría poder hablar con nuestro Amigo divino a cualquier hora!
Por su parte, nuestro Padre se mostrará como el amigo que, con infinita sabiduría, nos guía hacia una mayor entrega a su voluntad. Como un buen amigo, nos corregirá y nos dirá la verdad cuando corramos el peligro de flaquear en nuestro camino. Pero siempre lo hará de forma amistosa, para que nuestro corazón no pierda el ánimo, sino que se fortalezca gracias a su amor y su consuelo.
Puesto que nuestro Amigo divino quiere lo mejor para nosotros y para todos los hombres, nos animará a recorrer el camino de la santidad con mayor fervor, para que esta amistad haga crecer flores de caridad y verdad que podremos ofrecer a las personas como un saludo de amor de parte de su divino Padre.
