“EL PADRE LUCHA POR NOSOTROS”

«Se necesita un ejército que aspire a la santidad para poder resistir en este combate» (Palabra interior).

Se trata de una palabra interior procedente de santa Juana de Arco. Nos habla de un «ejército santo», que también en esta época es necesario.  Probablemente se refiera al «ejército del Cordero», es decir, a aquellos que siguen al Cordero adondequiera que vaya (Ap 14,4).

El combate espiritual es inevitable para aquellos que quieren permanecer fieles a los mandamientos de Dios. Deben estar bien equipados y no hay mejor armadura que la unión más íntima posible con nuestro Padre Celestial. En el Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio, Dios Padre nos dice: «¿Queréis obtener la victoria sobre vuestro enemigo? Invocadme y triunfaréis victoriosamente sobre él.»

Nuestro principal enemigo es el diablo, el «homicida desde el principio» (Jn 8,44). Sin embargo, hay que tener presente que él también se sirve de aquellas personas que no le ofrecen resistencia o que se dejan seducir. Por eso, para librar este combate, en el que Satanás emplea todos los medios más perversos, necesitamos la protección y la guía de Dios. Esto se aplica tanto a cada persona en particular como al ejército de los fieles en su conjunto. Cuanto más se manifiesta el espíritu del anticristo, incluso dentro de la Iglesia, más actualidad cobra esta exhortación. Por supuesto, es indispensable que este ejército no se aparte ni un ápice de la doctrina que nos han transmitido los apóstoles y la Iglesia. ¡Vade retro, Satana!

El camino de la santidad supone una amenaza de muerte para esos poderíos. Cuanto más lo pongamos en práctica día a día, también en las cosas pequeñas y aparentemente insignificantes, más fuerte se volverá el ejército y más temible será para los demonios. Unido a la Virgen María en el Corazón del Padre, el ejército se vuelve invencible, pues el Señor lucha de nuestra parte y los demonios deben retroceder. Al mismo tiempo, creceremos en amor.