Aplicación actual de la historia de San Jorge

En la meditación de ayer, conocimos la historia de san Jorge basándonos en la Leyenda Dorada. Con la fuerza de Cristo, logró salvar a la princesa que iba a ser sacrificada al dragón. A raíz de ello, la población pagana de aquella ciudad se convirtió a la fe cristiana. La meditación concluyó con el siguiente planteamiento:

«Esta historia nos lleva a cuestionarnos qué está sucediendo hoy en día en este mundo que se aleja cada vez más de Cristo: ¿será que el dragón está volviendo a ejercer su dominio sobre la humanidad de diversas maneras?»

En la meditación de hoy, conviene que nos detengamos en esta cuestión. Quien tenga ojos para ver, no podrá pasar por alto el hecho de que, en la actualidad, el mundo se halla bajo una fuerte influencia del mal y, por tanto, está sometido al dominio del dragón. En la historia de San Jorge, este dominio fue quebrantado por la fuerza de Cristo.

En las Sagradas Escrituras, el dragón representa claramente el poder del mal. Así leemos en el Libro del Apocalipsis:

«Se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él» (Ap 12,7-9).

Tras haber sido expulsados del Cielo, los ángeles rebeldes intentan ejercer ahora su dominio sobre los hombres, induciéndolos al pecado y al error para que caigan en su dependencia. Así, surgen reinos en el mundo sometidos al poder del mal. En la segunda tentación de Jesús en el desierto podemos constatarlo claramente:

«Después el diablo lo llevó a un lugar elevado y le mostró todos los reinos de la superficie de la tierra en un instante y le dijo: “Te daré todo este poder y su gloria, porque me han sido entregados y los doy a quien quiero. Por tanto, si me adoras, todo será tuyo”.» (Lc 4,5-7).

Al igual que san Jorge quebrantó el poder del dragón en Nombre de Jesús y pudo conducir a los habitantes de aquella ciudad hacia el bautismo, la misión de la Iglesia es anunciar la victoria de Cristo sobre el poder de las tinieblas y guiar a los hombres en todo el mundo hacia la verdadera luz, que es Cristo.

Esto sucedió en gran medida tras el descenso del Espíritu Santo. Pueblos enteros se convirtieron a Cristo y abandonaron sus ídolos. La Iglesia creció y hasta reyes y emperadores se pusieron a su servicio. La gracia de Cristo llegó a muchas personas: ¡el sacrificio del Hijo de Dios no había sido en vano! Sin embargo, crueles persecuciones atormentaron a sus discípulos, especialmente en los primeros siglos, aunque continuaron a lo largo del tiempo hasta nuestros días.

A pesar de todas las divisiones y heridas infligidas al Cuerpo Místico del Señor; a pesar de todas las traiciones, debilidades y disminución del número de fieles, la Iglesia católica fue, a lo largo de los siglos, la «Maestra de las naciones», y el dragón parecía haber sido encadenado por Ella. Un detalle de la leyenda de san Jorge puede resultar revelador en este contexto: después de que el caballero hubiera asestado el golpe decisivo al dragón, «le dijo a la doncella: “Toma tu cinturón y échalo al cuello del monstruo; no temas nada”. Ella lo hizo y el dragón la siguió como un perrito manso».

Sin embargo, hoy en día, la fe ha disminuido enormemente, sobre todo en aquellas naciones que solían tener una fuerte identidad cristiana. Es difícil creer hasta qué punto se ha desvanecido la fe y cómo en la actualidad apenas ejerce influencia sobre la población y forma su conciencia. Todo lo contrario: el aborto, la práctica de la homosexualidad, la eutanasia y muchas otras inmoralidades que hace cien años hubieran sido inconcebibles, ahora se han vuelto socialmente aceptables. Y no solo eso, sino que las convicciones cristianas son cada vez más objeto de sospecha y burla, y existe incluso una tendencia a criminalizarlas.

Desde el pontificado de Francisco y su sucesor, León XVI, la Iglesia Católica parece tan debilitada y desorientada que ya no es capaz de contrarrestar la decadencia social y política actuando como una voz profética de corrección.

¿Será que estamos presenciando en la actualidad cómo Satanás, que había sido encadenado, recupera su poder sobre los hombres? ¿Ha perdido la Iglesia en gran medida su autoridad para limitar o incluso quebrantar por completo el poder del diablo? ¿Será que los errores que se han infiltrado en la Iglesia con los documentos de Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans, con el culto a la Pachamama en el Vaticano y muchas otras desviaciones, han permitido que Satanás extienda su dominio incluso dentro de la propia Iglesia? ¿Se ha debilitado a sí misma en la misión que le fue encomendada por el propio Cristo, que consiste en conducir a todos los hombres a creer en Él (cf. Mt 28,19-20), y se ha despojado de sus armas espirituales más potentes en aras de un falso ecumenismo y de un diálogo interreligioso que ha olvidado su objetivo?

En efecto, ¡parece ser así! Ahora bien, si la Iglesia ya no asume su deber de guardiana, si los centinelas se han quedado dormidos y ya no identifican a los enemigos, sino que confunden al lobo con la oveja, ¿quién entonces advertirá a los hombres? ¿Seducirá de nuevo el dragón a la humanidad para que se someta a los poderes de las tinieblas en lugar de a Dios, tal y como describe el Apocalipsis?: «Y adoraron al dragón porque había entregado el poder a la bestia. También adoraron a la bestia diciendo: “¿Quién es como la bestia, y quién puede luchar contra ella?”» (Ap 13,4)

Sin duda, hoy en día necesitamos santos que, al igual que San Jorge, salven del dragón a la princesa, que en este contexto sería un símbolo de la Iglesia. ¡Hay que implorar a Dios que suscite tales santos!

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/el-gran-milagro-de-la-conversion-3/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/el-pan-de-vida/

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