San Jorge: el vencedor del dragón y mártir

Probablemente, hay pocos santos tan conocidos y rodeados de tantas historias y leyendas como san Jorge, cuya fiesta se conmemora hoy en la Santa Misa. Por lo general, se le representa como el matador del dragón y es muy venerado en todo el mundo cristiano, tanto en Oriente como en Occidente. En torno a la matanza del dragón surgió la siguiente historia, que citaré de forma resumida de la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine:

El caballero Jorge, del linaje de los capadocios, llegó un día a la ciudad de Silca, en la tierra de Libia. Cerca de la ciudad había un enorme lago en el que habitaba un dragón venenoso que, en más de una ocasión, había obligado a todo el pueblo a huir cuando intentaba enfrentarse a él armado. Entonces se acercaba a las murallas de la ciudad y lo contaminaba todo con su aliento venenoso. Los habitantes de la ciudad, que aún eran paganos, le sacrificaban dos ovejas cada día. A medida que el número de ovejas iba disminuyendo, la población se vio obligada a sacrificar a sus propios habitantes, elegidos por sorteo. Así, le llegó también el turno a la hija del rey. Su padre, aunque profundamente dolido, no logró salvarla, pues el pueblo amenazaba con quemarlo a él y a su casa si no acataba la ley que él mismo había promulgado.

La leyenda cuenta que, cuando San Jorge se enteró de que la hija del rey iba a ser sacrificada al dragón, acudió en su ayuda y le dijo: «Querida hija, no temas, te ayudaré en nombre de Cristo». Ella respondió: «Buen caballero, ¡no querréis morir conmigo! Basta con que yo perezca, pues no podréis salvarme, sino que moriríais conmigo». He aquí que, mientras aún hablaban, el dragón levantó su cabeza del lago. La doncella temblaba de terror y gritó: «¡Huid, buen hombre, huid tan rápido como podáis!». Sin embargo, Jorge montó en su caballo, hizo la señal de la cruz y cabalgó contra el dragón, que se dirigía hacia él. Blandió la lanza con gran fuerza, se encomendó a Dios e hirió tan gravemente al dragón que este cayó por tierra.

Entonces, San Jorge se dirigió al pueblo, que contemplaba aterrorizado la escena, y les dijo: «No temáis, pues Dios, el Señor, me ha enviado para liberaros de este dragón. Por eso, creed en Cristo, recibid el bautismo y yo mataré a esta bestia» Entonces, el rey se bautizó y, con él, todo el pueblo. Acto seguido, San Jorge desenvainó su espada y mató al dragón.

La misma fuente relata que San Jorge también intervino en favor de los cristianos perseguidos que corrían el peligro de apostatar bajo la persecución de Diocleciano. Dio testimonio público de su fe, por lo que coronó su vida con el martirio tras sufrir crueles torturas.

¿Qué lección nos deja la historia de este santo tan popular?

En el Evangelio que se lee hoy en el rito tradicional de la Santa Misa, tomando el formulario para un mártir, Jesús les dice a sus discípulos: «No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada» (Mt 10,34).

Ciertamente, estas palabras pueden resultarnos sorprendentes en un primer momento, sobre todo porque en el siguiente versículo el Señor señala que esta «espada» se extenderá incluso a las relaciones familiares más estrechas. Sin embargo, esta afirmación cobra sentido al comprender que Jesús se refiere a la espada de la verdad, que es Él mismo.

Con la venida de Jesucristo, cada persona se enfrenta a la decisión crucial: ¿vivirá de acuerdo con Dios y, por tanto, con la verdad, o no? También podríamos hablar aquí de una «separación de los espíritus», pues el encuentro con el Hijo de Dios separa la luz de las tinieblas.

Tomando esta palabra del Señor como trasfondo, la historia del matador de dragones adquiere un nuevo significado. En las Sagradas Escrituras, el dragón suele ser un símbolo de los poderes demoníacos hostiles a Dios.

Como escuchamos en la Leyenda Dorada, la población pagana de Silca estaba a merced de la arbitrariedad del dragón y, en su desesperación, incluso llegó a ofrecerle sacrificios humanos. Este es uno de los actos más abominables que se cometían en no pocos pueblos paganos con el fin de apaciguar a ciertos poderes. Con la llegada del noble caballero Jorge, despuntó la salvación y la hora de la decisión para aquella población.

Al matar al dragón, San Jorge no solo realizó un acto de amor al prójimo al salvar a la hija del rey, sino que su acto heroico se convirtió en un instrumento de evangelización. Por medio de Cristo, los paganos debían ser liberados de las tinieblas de la confusión y la angustia. El dragón pierde su poder sobre ellos. En efecto, el anuncio de la fe cristiana, unido al santo bautismo, quebrantó el poder que el dragón ejercía sobre el mundo pagano de entonces. San Jorge venía en nombre de uno más fuerte (cf. Lc 11,21-22).

Esta historia nos lleva a cuestionarnos qué está sucediendo hoy en día en este mundo que se aleja cada vez más de Cristo: ¿será que el dragón está volviendo a ejercer su dominio sobre la humanidad de diversas maneras?

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/hechos-de-los-apostoles-hch-826-40-el-bautizo-del-funcionario-etiope/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/el-padre-atrae-a-los-hombres-4/

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