LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA: “Con tu muerte, derrotaste a la muerte”

NOTA: A lo largo de la Octava Pascual, las reflexiones diarias tendrán un carácter más meditativo, para adentrarnos en el gran acontecimiento de nuestra fe: la Resurrección del Señor. Los “3 Minutos para Abbá” seguirán como de costumbre (https://es.elijamission.net/category/3-minutos-para-abba/).

Tal y como habías predicho, amado Jesús, sucedió. ¡Verdaderamente has resucitado!

Te levantaste de entre los muertos y la buena nueva ha llegado hasta nosotros. Los primeros en anunciarlo fueron los ángeles junto al sepulcro: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6). Luego fue María Magdalena; ella tuvo la gracia de verte primero, después los apóstoles… ¡No cabe duda! Ni siquiera los judíos hostiles y los soldados sobornados pudieron ocultar la verdad. ¡Aleluya!

La muerte no pudo retenerte en la tumba. ¿Cómo podría, si Tú mismo eres la vida? Tú resucitaste a los muertos cuando nos anunciaste el Evangelio. Tú infundes nueva vida en todo: al que está muerto por el pecado le ofreces el remedio, al que ha tropezado lo vuelves a levantar, al que está abatido le das nuevas fuerzas, al extraviado le muestras el camino…

Tú, la verdadera vida, te abajaste hasta nosotros, los hombres, que estábamos cautivos en la sombra de la muerte, sin poder ayudarnos a nosotros mismos. Nos has liberado y te has donado a nosotros con un amor inefable, simplemente porque esa era la voluntad del Padre, tu voluntad, la voluntad del Espíritu Santo… ¡Aleluya!

Pero aún quedaba un enemigo por derrotar: la muerte, el horror, el miedo. Tú lo asumiste todo en tu propia carne y resucitaste victorioso de la tumba. Gracias a ti, este enemigo puede ahora incluso convertírsenos en amigo, pues se transforma en la puerta hacia la eternidad. El horror tiene que ceder y dar paso a la esperanza; el miedo, a la confianza… ¡Aleluya!

Todo lo transformas con el poder de tu Resurrección, y la sombra de la muerte debe retroceder por doquier, pues ha sido derrotada. ¡Aleluya!

Con tu Resurrección, nos permites vislumbrar nuestra propia resurrección. Así será, pues, cuando recibamos un cuerpo glorioso y ya no estemos sujetos a la muerte, cuando el diablo ya no pueda hacernos daño. Ha sido vencido de una vez y para siempre, como proclama con infinita dulzura el himno latino de vísperas para el Tiempo Pascual:

«Revestidos para la Cena del Cordero,
con las túnicas blancas de la salvación;
tras el paso del Mar Rojo,
cantemos a Cristo, nuestro Príncipe.

Gustando de su Santísimo Cuerpo,
inmolado en el ara de la Cruz,
y de su sangre roja,
vivimos la misma vida de Dios.

Protegidos del ángel devastador,
durante la noche de la Pascua,
hemos sido liberados
del áspero yugo del Faraón.

Ahora Cristo es nuestra Pascua,
el manso Cordero sacrificado;
el ázimo puro de sinceridad,
que ha ofrecido su propia carne.

¡Oh, verdadera víctima dignísima!,
que, humillando al infierno
y redimiendo a tu pueblo cautivo,
le has devuelto el premio de la vida.

Se levanta Cristo del sepulcro,
regresa vencedor del abismo:
habiendo encadenado al tirano,
nos abre las puertas del Paraíso.

En este gozo pascual,
te suplicamos, oh Creador de todas las cosas,
que defiendas a tu pueblo
de todo ataque de la muerte.

Gloria a ti, oh Señor,
que resucitaste de entre los muertos,
con el Padre y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén».

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/lunes-de-la-octava-de-pascua-el-anuncio-intrepido-2/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/contraste-entre-la-luz-y-las-tinieblas/

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