¿Cómo se sobrevive varios días en una fosa de leones a la que te han arrojado para que te devoren siete leones hambrientos? En la lectura de hoy (Dn 14,27-42), Daniel nos da una respuesta.
¿Por qué los babilonios querían deshacerse de Daniel? La lectura narra que éstos fueron a decir al rey Ciro el Persa: «“Entréganos a Daniel, si no, te mataremos a ti y a toda tu casa”. Ante esta gran violencia, el rey se vio obligado a entregárselo». (v. 29-30).
¿Qué había sucedido antes? Resulta que los babilonios adoraban a un ídolo llamado Bel y le llevaban diariamente como ofrenda «doce artabas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis medidas de vino» (v. 3). Cuando el rey Ciro, que tenía en gran estima a Daniel, le preguntó por qué no adoraba a Bel, éste respondió: «Porque yo no venero ídolos hechos por mano humana, sino solamente al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra y tiene poder sobre toda carne» (v. 5). Entonces, Daniel demostró al rey que eran los sacerdotes de Bel quienes devoraban toda la comida, y no el ídolo (vv. 7-21). Cuando Ciro se dio cuenta del engaño, mandó matar a los sacerdotes de Bel (v. 22).
Sin embargo, además de Bel, los babilonios también veneraban un gran dragón (v. 23). De nuevo fue Daniel quien demostró al rey que no se trataba de un dios vivo, sino de un ídolo fabricado por manos humanas que él podía destruir fácilmente (vv. 24-27).
Estas acciones de Daniel encendieron la ira de los babilonios, que ahora querían arrojarlo a la fosa de los leones. Sin embargo, los leones no le hicieron ningún daño, a pesar de que no les habían dado nada de comer, a diferencia de lo habitual. El Señor no solo se encargó de domar a los leones, sino que también veló por que Daniel fuera alimentado: le envió al profeta Habacuc por medio de un ángel, y éste le dio de comer (vv. 34-37).
«Y dijo Daniel: “Te has acordado de mí, Dios mío, y no has abandonado a los que te aman”. Daniel se levantó y se puso a comer» (vv. 38-39).
¿Cómo terminó la historia?
«El día séptimo, vino el rey a llorar a Daniel; se acercó al foso, miró, y he aquí que Daniel estaba allí sentado. Entonces exclamó: “Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro Dios fuera de ti”. Luego mandó sacarle y echar allá a aquellos que habían querido perderle, los cuales fueron al instante devorados en su presencia» (vv. 40-42).
Así pues, queda respondida la pregunta inicial. Se puede sobrevivir incluso en una fosa de leones cuando el Señor nos protege y nos provee. ¡Entonces puede suceder lo «humanamente imposible»!
Hoy quisiera dirigirme a todos los que siguen mis meditaciones con una intención especial. Actualmente me encuentro en Jerusalén y, desde el 28 de febrero, se ha desatado aquí una guerra contra Irán y sus aliados.
Por parte de Israel, esta guerra ha sido denominada «Operación León Rugiente», mientras que la última guerra contra Irán, en junio de 2025, llevó el nombre de «Operación León Naciente». En esta ocasión, Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Trump, se ha involucrado activamente desde el principio. Han denominado su ataque «Operación Furia Épica».
No es éste el marco apropiado, ni tampoco es mi tarea, analizar en detalle los acontecimientos. En general, las guerras siempre conllevan destrucción, sufrimiento y muerte. Muchas personas inocentes se ven afectadas; personas que probablemente ni desean ni aprueban esta guerra. El padre franciscano Ibrahim Faltas describe la situación en Jerusalén en estos términos:
«El cielo del Oriente Medio sigue densamente cubierto: cohetes, drones y ataques mutuos atraviesan día y noche las nubes para llevar la muerte a personas que ni siquiera se conocen y para destruir la vida, la historia y la naturaleza. El cielo lo cubre todo y a todos; las herramientas de la muerte no tienen ojos ni corazón, no distinguen entre nacionalidades ni creencias religiosas, no ven los cuerpos frágiles que ya han sufrido bastante: es una violencia que se renueva una y otra vez, y que cada vez vuelve a sacudirnos».
En este sentido, os invito cordialmente a rezar la siguiente oración, destinada a detener la violencia injusta, sea quien sea que la ejerza. Solo Dios podrá juzgar si la violencia empleada excede la medida necesaria para defenderse o para intervenir en situaciones de abuso. Esta oración se dirige, en particular, contra los espíritus malignos que se aprovechan de estas circunstancias para llevar a cabo sus planes inicuos. Sin duda, sería provechoso difundir esta oración para ofrecer resistencia espiritual a esta guerra que amenaza con extenderse.
«Amado Padre Celestial, llenos de confianza nos dirigimos a ti, creyendo firmemente que vendrás al auxilio de los pueblos. Mira el sufrimiento causado por tantas formas de violencia injusta e intervén con tu poder para debilitar al Maligno. Te pedimos especialmente que intervengas en la guerra del Medio Oriente y que opongas resistencia a todos aquellos que ejercen, apoyan o fomentan la violencia injusta, ya sea física o espiritual, ya sean seres humanos o ángeles caídos. ¡Trae Tú la verdadera paz! Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».
______________________________________________________
Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/en-dios-siempre-habra-una-solucion-2/
Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/la-fe-en-jesus/

