“AMOR VALIENTE”

«Quien ama al Redentor con un amor valiente, no deja de amarlo ni en las tentaciones ni en los momentos de sequedad espiritual ni en la desolación» (San Alfonso María de Ligorio).

Sin duda, nos resulta más fácil amar cuando los sentimientos nos sostienen, cuando nuestro corazón se regocija y se deleita en Dios y en todo lo que Él hace. Ciertamente, esta condición se asemeja a un estado paradisíaco y es la realidad que nos espera en la vida eterna. Sin embargo, mientras sigamos de camino y aún no hayamos llegado al Reino de la dicha eterna, tenemos que participar de los sufrimientos de nuestro Redentor en la Tierra y estamos llamados a llevar la cruz que se nos presenta. «Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga» (Lc 9,23).

Para ello se necesita un amor valiente, tal y como sugiere san Alfonso María de Ligorio en la frase de hoy, pues las tentaciones, la sequedad espiritual y la desolación dificultan el camino de seguimiento de Cristo. Sin embargo, suponen al mismo tiempo un desafío y se convierten en una oportunidad para demostrar nuestra fidelidad. En tales momentos, el amor al Señor consiste, a veces, simplemente en aferrarnos a la fe mediante un acto de voluntad en medio de las adversidades.

Nuestro Padre Celestial permite estas pruebas de nuestra fe y fidelidad hacia Él. Por un lado, estas pruebas nos fortalecen, pues una fe acrisolada por la adversidad profundiza nuestra entrega al Señor. Por otro lado, Dios nos brinda la oportunidad de demostrarle nuestro amor en tales dificultades y aflicciones.

Por último, pero no por ello menos importante, el Señor hará que nuestra fidelidad a Él en medio de las circunstancias difíciles, que exigen un amor valiente, se convierta también en una bendición para otras personas, para que encuentren la verdadera fe y no se desanimen ante las situaciones que puedan sobrevenirles en la vida. De maneras que solo Él conoce, nuestro Padre hace fructificar para el Reino de su amor cada cruz que carguemos por causa del Señor.