“PRESERVAR LA PAZ DEL CORAZÓN»

«Aquel que no se deja seducir por los elogios ni desconcertar por los reproches posee una gran paz interior» (Tomás de Kempis).

En la frase de hoy, Tomás de Kempis hace referencia a lo que puede desconcertarnos y hacernos perder la paz interior con facilidad.

Por un lado, hay que aprender a lidiar con los elogios. Sin duda, un elogio sincero es edificante. Sin embargo, los maestros de la vida espiritual nos advierten del peligro de que, cuando recibimos reconocimiento por parte de los demás, nuestra mirada puede centrarse cada vez más en nosotros mismos. Así, caemos fácilmente en una carencia de libertad que consiste en deleitarse en ese elogio e incluso comenzar a derivar su valor de las alabanzas que recibe de otros. Sin embargo, eso nos vuelve dependientes de las personas. En consecuencia, puede suceder que busquemos sus elogios y que nos sintamos decepcionados cuando no los recibimos. En ese momento, nuestro corazón ya no está totalmente centrado en Dios, de quien procede la verdadera paz. Nos hemos olvidado de atribuir todas las alabanzas al Señor, y es como si las retuviéramos para nosotros mismos.

Por otro lado, los reproches también pueden desconcertarnos. Pueden trastornar nuestros sentimientos y absorbernos más de lo debido, de modo que nos ocupamos durante mucho tiempo de las críticas recibidas. Entonces, nos resulta difícil distinguir entre la dimensión legítima de un reproche, que debe integrarse en nuestra vida a modo de corrección, y lo que este desencadena en nuestras emociones. En consecuencia, puede surgir inquietud en nuestro corazón y, posiblemente, nos llevará mucho tiempo recuperar la paz interior. También en este caso es importante entablar un diálogo con Dios y aceptar la situación tal y como Él la ha dispuesto. Incluso cuando recibimos reproches injustos, que por naturaleza despiertan nuestra indignación y nuestro sentido de la justicia, debemos aprender a refrenar estos sentimientos, por ejemplo, cuando la corrección nos afecta solo a nivel personal y no toca la dimensión de la consciencia.

Al aceptar tanto los elogios como los reproches con cierta serenidad, podremos preservar nuestra paz interior.