«Si alguien les diría que el Creador es también su Padre, que piensa en ellos y los cuida (…), lograría la conversión incluso de los más obstinados, y estas conversiones, además de ser más numerosas, serían también perseverantes» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
A continuación del pasaje que meditamos ayer, nuestro Padre nos habla hoy de aquellas almas que aún se encuentran sumidas en la superstición. De alguna manera, ellas lo buscan y saben que existe, pero tienen una imagen equivocada de Dios. El mensaje de que tienen un Padre lleno de amor que se preocupa por ellas y las rodea con afecto entrañable en sus sufrimientos y abandono ciertamente tocaría sus corazones, daría respuesta a su búsqueda y las sacaría de sus diversos extravíos.
En efecto, es el amor el que todo lo puede, el que es capaz de derretir la capa de hielo que rodea los corazones y atravesar con su luz la oscuridad de la confusión. A menudo, las personas no conocen este amor o no lo conocen lo suficiente. Sin embargo, la ternura del afecto entrañable de nuestro Padre aún puede tocarlas, pues han sido creadas por Él y para Él, y cuando se encuentren con su amor, despertarán.
Es evidente que, para poder ser testigos del amor del Padre ante aquellos que aún no conocen la verdadera fe, nosotros mismos debemos estar impregnados de este amor. ¿Hay algo más convincente que la coherencia entre nuestras palabras y nuestras obras, de modo que todo nuestro ser dé testimonio del amor de Dios?
De la misma manera, es imprescindible conocer bien nuestra fe para tender la mano a aquellas personas que quieren emprender un auténtico camino de seguimiento de Cristo. El amor a nuestro divino Padre debe ir de la mano de la verdad que Él ha confiado a su Iglesia. No es compatible con un modernismo que distorsiona la verdad y se cierne como una niebla sobre el entendimiento, oscureciendo la santa fe.
¡Que Dios nos conceda conversiones auténticas, numerosas y perseverantes, incluso entre los más obstinados! ¡Qué gracia sería para los hombres y qué alegría para nuestro Padre!
