VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA: “El mandato del Resucitado”

«Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,18-20).

Estas son las palabras que Tú, amado Señor, dirigiste a los once discípulos en Galilea tras tu Resurrección, y permanecen vigentes para siempre.

Fueron esas santas palabras las que impulsaron a los misioneros a viajar hasta los confines de la Tierra y a servir con alegría en esta gran misión, aun en medio de las mayores penurias y sufrimientos.

Son aquellas palabras que el Espíritu Santo trae siempre a nuestra memoria para que nunca se extingan y tus discípulos no olviden jamás la misión que les encomendaste.

¿Quién podría dudar de estas palabras tuyas, amado Señor? ¿Quién se atrevería a reinterpretarlas, si Tú resucitaste del sepulcro y te apareciste a tus discípulos precisamente para prepararles para esta gran misión? Ellos la cumplieron fielmente y, a lo largo de los siglos, la Iglesia se ha mostrado como tu amada Esposa, ofreciendo a los pueblos el alimento de tu Santa Palabra y nutriéndolos en la mesa de la gracia.

Incontables almas han nacido de la fuente del bautismo y así has podido infundirles la nueva vida que procede de ti. Siempre y en todas las circunstancias, la Iglesia ha cumplido la tarea que le encomendaste, agradecida y orgullosa de poder estar a tu servicio. Así, se convirtió para la humanidad en la «ciudad sobre el monte» y en «luz del mundo» (Mt 5,14).

Pero hoy, amado Señor, parece que las cosas ya no son así. Ante ti, que te apareciste a los discípulos y ascendiste al cielo ante sus ojos, derramamos nuestro corazón y nos lamentamos porque, en la actualidad, ya no es lo más natural que los sucesores de los apóstoles cumplan la misión tal y como tú se la encomendaste.

¿Han olvidado tus palabras? ¿Ya no creen en ellas? ¿Acaso el Espíritu Santo, que nos recuerda todo lo que dijiste e hiciste (Jn 14,26), se ha retirado de la Iglesia? ¿Ya no creemos que Tú eres el Rey, tal y como testificaste ante Pilato (Jn 18,37)?

¿Qué ha sucedido? ¿Qué falsas doctrinas se han infiltrado en la Iglesia? ¿Cómo ha conseguido el enemigo colarse en ella para destruir tu obra y privarla de su fuerza?

Oh Señor, ¿cómo podemos anunciarte con la misma intrepidez y convicción que tus misioneros de antaño para que todos los pueblos abracen la fe en ti, el Resucitado, si hoy en día muchos pastores de la Iglesia ya no lo consideran tan importante?

Sin titubear, debemos aferrarnos firmemente a ti y a tu Palabra, pues no te has equivocado Tú, sino aquellos que pretenden transmitirnos que también existen otros caminos fuera de ti que conducen igualmente al Padre Celestial. Han caído en la ceguera al dejar de anunciar la plenitud de la fe a todas las naciones y al no señalarles el camino hacia la Iglesia.

El criterio que cuenta eres Tú y tu Palabra. Tus apóstoles no se dejaron intimidar cuando se les quiso prohibir que enseñaran en tu Nombre (Hch 4,16-20), porque a ti se te ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. ¡Tú permaneces con nosotros todos los días hasta el fin del mundo y tu mandato misionero seguirá siempre vigente! Queremos ponernos a tu servicio para cumplirlo.

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/hechos-de-los-apostoles-hch-41-12-en-ningun-otro-nombre-esta-la-salvacion/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/el-amor-reconoce-primero-2/

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