“VERDADERA PIEDAD”

«Si una florecilla pudiera hablar, me parece que nos diría simplemente todo lo que Dios ha hecho por ella, sin ocultar ninguno de sus dones. No diría, con el pretexto de la humildad, que no era bonita, o que no tenía un olor dulce, que el sol había marchitado sus pétalos o que la tormenta le había magullado el tallo si supiera que no era así» (Santa Teresita del Niño Jesús).

Esta delicada observación de santa Teresita complementa muy bien la frase de san Jerónimo que meditamos ayer. Por muy necesario que sea reconocer nuestra propia imperfección y esforzarnos por imitar la perfección de Dios, es igualmente importante reconocer y valorar en toda su belleza los dones que Dios nos ha concedido.

Así pues, la enseñanza que hoy nos transmite Santa Teresita nos ayudará a evitar la «humildad falsa y artificial», que consiste en menospreciar y restar importancia a todo lo bello que Dios nos concede para nuestro deleite y para adornar nuestra vida con su esplendor.

La clave radica en aprender a entenderlo todo como un don de la mano amorosa de nuestro Padre Celestial, de modo que nuestro corazón se llene de gratitud. De este modo, evitaremos el peligro de volvernos soberbios y sentirnos superiores a los demás. Al mismo tiempo, también nos libramos de una especie de piedad artificial que no glorifica a Dios, no nos beneficia a nosotros mismos ni atraerá a otras personas hacia la fe.

Dios Padre nos ha creado de forma maravillosa a su imagen y semejanza y nos restaura en Cristo. Así exclama un precioso himno litúrgico: «Tú nos devolverás la belleza del primer día, cuando nos creaste a tu imagen».

Si esta belleza puede crecer en nosotros bajo el influjo de la gracia, enriqueciéndonos con sus buenas dádivas, nuestra vida se convertirá en un testimonio que glorificará a nuestro Padre.