EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 1: “Introducción”

Hoy iniciamos el tiempo de Adviento, con el fin de prepararnos para la gran Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor. Este año quisiera actualizar y compartir una serie de meditaciones que escribí en Adviento de 2020, como una especie de «retiro espiritual» para este tiempo litúrgico.

En ese entonces, había estallado la crisis del coronavirus. Se decía que la humanidad entera estaba en peligro y que todo el mundo debía vacunarse varias veces para evitar una catástrofe. Todos remaban en la misma dirección: la industria farmacéutica, la política, los medios de comunicación e incluso la Iglesia. Esta última incluso llegó a insistir en la necesidad de vacunarse como si se tratara de un acto de caridad para con el prójimo.

Las objeciones morales fueron ignoradas. Las personas que no querían vacunarse se vieron marginadas y muchas de ellas incluso perdieron su empleo. Los científicos que advertían sobre la vacuna fueron desacreditados. Muchas de las publicaciones que no seguían la narrativa oficial fueron censuradas en YouTube. También me sucedió a mí cuando cuestioné la vacuna, tanto por razones morales como por motivos médicos evidentes. Las iglesias se cerraron y, incluso en los bosques, al aire libre, se veían personas con mascarillas para protegerse a sí mismas y a los demás del contagio. ¡Un escenario bizarro!

Actualmente, aquí y allá se escuchan personas que cuestionan las medidas tomadas. Las vacunas causaron y siguen causando demasiadas secuelas. Si se abrieran los ojos, se reconocería que fue un gran engaño. Pero solo unos pocos están dispuestos a verlo; la mayoría no quiere enterarse. Esto se aplica también –y de forma especial– al ámbito eclesiástico. Solo unos pocos obispos (y estamos agradecidos por cada uno de ellos) ofrecieron resistencia y orientaron debidamente a los fieles. Los demás se habían extraviado.

Al releer hoy esta meditación de 2020, vuelvo a ver ante mis ojos este gran engaño. Lo que resultó particularmente doloroso fue que la Iglesia Católica, a nivel oficial, guiara erróneamente a los fieles. Faltó el espíritu de discernimiento. Por desgracia, esta falta de discernimiento se ha convertido ahora en una característica de la jerarquía eclesiástica, que se adapta al mundo y se convierte así en una pesada carga para aquellos fieles que quieren permanecer fieles al Señor y a la doctrina tradicional de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Cuando, por ejemplo, escuchamos al nuevo arzobispo de Cracovia decir que no puede imaginarse otra Iglesia que la que el papa Francisco nos ha enseñado, y vemos que León XIV sigue ese camino, entonces sabemos a quién tenemos que recurrir.

Con este trasfondo, me gustaría ofrecer de nuevo esta serie de meditaciones de Adviento, enriquecidas con hermosos cantos. Sin dejarnos enturbiar por los disturbios mencionados, hemos de adentrarnos en este santo tiempo de Adviento y esperar con alegría la venida del Señor, que es fiel y nos invita a seguirlo.

«Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» —nos dice Jesús, el Redentor de la humanidad (Mt 24,35). Por eso, es importante aprovechar esta época de Adviento, particularmente en los tiempos actuales, para profundizar en nuestra relación con Dios. ¡Solo en Él encontramos la verdadera seguridad para nuestra vida, tanto en el tiempo como en la eternidad! «No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar» —exclama el salmista (Sal 146,3). ¡Son palabras que se cumplen con toda evidencia ante nuestros ojos!

Al adentrarnos más en la obra de Dios, que abarca todos los tiempos, podremos recordar y tomar conciencia de que estamos a salvo en sus manos, pase lo que pase. Estamos llamados a ofrecer nuestro corazón como morada al Dios vivo, como dice un conmovedor villancico alemán: «En Belén nos ha nacido un niñito (…). Mi corazón quiero entregarle; y todo lo que tengo, darle».

Si aprovechamos este tiempo para interiorizar la Palabra de Dios y el camino de seguimiento del Señor, la estrella de Belén brillará también sobre nuestra vida, aun en medio de la oscuridad de este mundo, y la fe se convertirá en un faro seguro en las tinieblas y en la creciente confusión anticristiana. Esto no solo es para nuestro beneficio, sino también para que seamos luz para otras personas que deambulan en la oscuridad y buscan el camino. Para ellos, estos tiempos apocalípticos son mucho más difíciles aún que para los fieles. Sin embargo, precisamente estos tiempos constituyen también una oportunidad para despertar del delirio y emprender seriamente la búsqueda de Dios. ¡Para ello hace falta la oración y el testimonio de todos nosotros!

En este sentido, nos unimos al Señor y confiamos firmemente en que será un tiempo de gracia especial en el que Él mismo nos preparará día a día para comprender mejor los misterios de su amor. ¡Que la Madre de Dios nos acompañe en este camino!

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/estar-preparados-para-el-retorno-de-cristo-2/

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