Día 23: “No dejar hablar a los demonios”

Hoy es el vigésimo tercer día de nuestro itinerario cuaresmal. Antes de entrar en el tema, terminemos la «exposición floral» que empezamos ayer, recordando cada una de las «flores» recogidas desde el día 12 hasta el 22.

Día 12: Manejar el don de la sexualidad según lo que Dios ha dispuesto en nuestro estado de vida y evitar toda forma de impureza.

Día 13: Recorrer el camino de la santidad como expiación por los incontables pecados y ofensas contra Dios, la incredulidad y las injusticias cometidas contra las personas.

Día 14: Confiar en Dios en todas las situaciones, dándole el primer lugar en nuestra vida, permanecer fieles a la recta doctrina de la Iglesia y vivir conforme a ella, y superar las tentaciones de la soberbia sirviendo a Dios y al prójimo.

Día 15: Una flor de paz, que cree en la Omnipotencia de Dios, capaz de cambiarlo todo.

Día 16: Pedir al Señor que nos conceda un corazón lleno de confianza en Él y que le pertenezca sin reservas.

Día 17: Implorar a Dios que nos conceda un corazón nuevo.

Día 18: Trabajar en la conversión de nuestro corazón, estando dispuestos a admitir lo malo que procede de dentro.

Día 19: Percibir nuestras sombras y presentárselas sinceramente a Dios.

Día 20: Luchar por obtener un corazón puro para que sea un arma de la luz en el combate contra los espíritus del mal.

Día 21: Mantener nuestro corazón siempre dispuesto a perdonar.

Día 22: Pedir al Espíritu Santo el don del temor de Dios.

En el evangelio de hoy (Lc 4,38-44), nos encontramos con Jesús sanando a los enfermos, ya fuera a la suegra de Pedro o a quienes sufrían diversas dolencias. A todos ellos les imponía las manos y los curaba. De muchos salían demonios. El Evangelio lo relata así: «Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias se los traían. Y él, poniendo las manos sobre cada uno, los curaba. De muchos salían demonios gritando y diciendo: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Y él, increpándoles, no les dejaba hablar porque sabían que él era el Cristo» (vv.40-41).

Aquí llama la atención el hecho de que Jesús no dejaba hablar a los demonios. Es una lección significativa para nosotros. Se podría objetar que, al fin y al cabo, lo que éstos decían era la verdad. Sin embargo, como vemos, Jesús no les permitió seguir diciendo que Él era el Hijo de Dios. ¿Por qué será?

Quizá algunos responderían que todavía no había llegado la hora en que Jesús quería hacerlo público. Sin embargo, yo sospecho que el Señor tenía otra razón predominante: el testimonio de Jesús como el Mesías debía ser anunciado en la fuerza del Espíritu Santo por personas que lo han reconocido y que lo aman. Aunque, en este caso, lo que decían los demonios parecía ser cierto, sus palabras nunca están impregnadas de la alegría de conocer a Dios. Tienen miedo de Jesús y, en consecuencia, transmiten una imagen de Él que corresponde a su situación, pero no a la nuestra. Los demonios se han separado definitivamente de Dios y no pueden ni quieren recibir su misericordia. Eso se refleja en la manera cómo hablan de Jesús.

Para nosotros es importante comprender y aplicar esta lección, ya que incluso entre los fieles puede existir la tentación de obtener de fuentes oscuras «informaciones» sobre la fe u otros temas relacionados con ella. Quizá también les interese saber lo que los demonios han dicho durante las liberaciones o exorcismos y busquen testimonios al respecto. Sin embargo, hay que advertirles de ello. Una cosa es que un exorcista, que ha recibido este encargo, realice exorcismos a personas poseídas y, por lo tanto, tenga que lidiar con ese mundo oscuro y alejado de Dios, y otra muy distinta es que nosotros mismos lo busquemos por curiosidad.

En cualquier caso, Jesús no permitió que los demonios hablaran y continuó con su misión de anunciar el Evangelio:

«Cuando se hizo de día, salió hacia un lugar solitario, y la multitud le buscaba. Llegaron hasta él, e intentaban detenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: “Es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado”. E iba predicando por las sinagogas de Judea» (Lc 4,42-44).

¿Qué flor podemos recoger de la meditación de hoy para nuestro camino? Estar atentos a lo que el Espíritu Santo nos enseña sobre la fe y anunciar el Evangelio con su poder, pero no beber información de fuentes que no manan agua pura. 

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/dirijamos-nuestro-rostro-a-dios-2/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/ha-llegado-uno-mas-fuerte/

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