Día 22: “El temor de Dios”

Hoy hemos llegado al día 22 de nuestro itinerario cuaresmal. Quizá alguno de vosotros haya recogido un «ramo espiritual» con las flores que he ido proponiendo al final de cada meditación. De hecho, ya hemos formado un ramo bastante grande y cada una de sus flores nos ayudará a encontrar el hilo conductor que nos guía a lo largo de la Cuaresma.

Permítidme recordaros que este año he decidido basarme en las lecturas del día según el calendario litúrgico tradicional. Probablemente la mayoría de vosotros estéis habituados a la «forma ordinaria del rito romano». Por eso, os indicamos siempre la cita de la lectura y el Evangelio del día para que podáis leerlos íntegramente, mientras que en las meditaciones suelo citar solo ciertos extractos.

Una breve «exposición floral» nos ayudará a recordar los propósitos que hemos tomado en esta primera mitad de Cuaresma. Hoy enumeraremos las flores de los primeros 11 días y mañana continuaremos con las de los siguientes 11.

Día 1: Comenzar la Cuaresma con humildad, emprender seriamente el camino de la conversión y atesorar tesoros en el cielo.

Día 2: Ofrecer al Señor nuestras súplicas y peticiones con humildad, amistad y gran fe.

Día 3: Adoptar el ayuno en nuestra vida según nuestras posibilidades y pedir a Dios la gracia de amar a los enemigos.

Día 4: Suplicar a nuestro Padre que nos sane de toda ceguera para que podamos reconocer su gloria y actuar en ella.

Día 5: Aprovechar el tiempo de la gracia y luchar contra la soberbia.

Día 6: Interiorizar cómo Dios apacienta a sus ovejas como buen pastor y ponernos a su servicio ocupándonos de todas las personas que Él nos encomienda.

Día 7: Aprender a escuchar muy atentamente al Espíritu Santo y dejarnos purificar por Él en el camino hacia la santidad, ofreciendo así resistencia al mal, tanto dentro de nosotros como a nuestro alrededor.

Día 8: Pedir al Señor que nos ilumine, avanzar en nuestro camino fortalecidos por su alimento y dar un testimonio auténtico de Jesucristo y de su Iglesia.

Día 9: Asumir conscientemente la responsabilidad de nuestra vida ante Dios, independientemente de si tenemos predisposiciones hereditarias favorables o desfavorables, y pedir al Señor que siempre nos amplíe el horizonte y nos haga dóciles para saber integrar circunstancias nuevas e inesperadas en nuestro camino tras Él.

Día 10: Pedir perseverancia y fidelidad en el seguimiento del Señor hasta el final, y comprender la jerarquía de la actuación de Dios, sin volvernos legalistas allí donde el Espíritu Santo quiere ampliar nuestra visión.

Día 11: Intentar adquirir la alegría en Dios, buscar la oración y convertir nuestro corazón en un jardín de gratitud.

Hoy nos detendremos en la lectura del Antiguo Testamento (Ex 20,12-24), que nos trae a la memoria los mandamientos de Dios, tan fundamentales para nuestra vida. A quienes los cumplan, se les promete la vida eterna. Todos sabemos que, hoy en día, la Ley de Dios se incumple cada vez más, empezando por el primer mandamiento de amarle con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas, pasando por el de no matar ni robar, hasta todas las instrucciones del Señor para que nuestra vida prospere con su ayuda. Fuera de los mandamientos de Dios solo hay caos. Como he subrayado repetidamente, tampoco podrá reinar la verdadera paz si no se cumple esta condición.

Los israelitas, a quienes se les anunciaron los mandamientos del Señor, se asustaron ante los signos que se produjeron mientras Dios se los transmitía. Así lo narra la lectura de hoy:

«Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte humeante, y temblando de miedo se mantenía a distancia. Dijeron a Moisés: “Háblanos tú y te entenderemos, pero que no nos hable Dios, no sea que muramos.” Moisés respondió al pueblo: “No temáis, pues Dios ha venido para poneros a prueba, para que tengáis presente su temor, y no pequéis”» (vv.18-20).

Nos encontramos aquí con un aspecto que hoy en día se comprende cada vez menos. De hecho, existe un temor positivo: el de no llevar una vida acorde a los mandamientos de Dios. Es un temor que ha de cuidarnos de no caer en pecado. Y si uno tiene aunque sea una leve idea de lo que significa violar la Ley de Dios, ¡entonces es bueno temer hacerlo!

Es cierto que, en el anuncio de la Buena Nueva, el amor y la misericordia de Dios lo superan todo. Sin embargo, la verdad exige su derecho, porque sin ella no se puede comprender debidamente ni el amor ni la misericordia. Esto no significa que debamos tener miedo a Dios, sino ser conscientes de la seriedad de nuestra vida y de nuestra responsabilidad ante Él y ante los hombres. Nuestro Padre celestial nos ha confiado el precioso tesoro de nuestra vida y podemos echarlo a perder.

Sabemos que uno de los siete dones que el Espíritu Santo nos concede es el temor de Dios, que nos enseña a evitar todo aquello que podría ofenderle. Así empieza a manifestarse, en una fase inicial, el amor divino, que nos enseña a respetar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. El espíritu de temor nos educa para que escojamos nuestras palabras y acciones a la luz de Dios. Al ser uno de los siete dones del Espíritu Santo, nos transforma interiormente a imagen y semejanza de Dios.

Como flor espiritual de la meditación de hoy, pidamos al Espíritu Santo el don del temor de Dios, que es sumamente importante para vivir con vigilancia y responsabilidad sin perder de vista al Señor.

_____________________________________________________

Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/dar-testimonio-de-dios-siempre/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/cumplir-y-ensenar-los-mandamientos-2/

Descargar PDF

Supportscreen tag