“CONOCER Y SERVIR A DIOS”  

«¡Qué hermoso y grandioso es conocer a Dios y servirle! Eso es lo único que tenemos que hacer en este mundo. Cualquier otra cosa que hagamos es tiempo perdido» (San Juan María Vianney).

Estas palabras brotan del alma ardiente del Cura de Ars, que pasó gran parte de su ministerio sacerdotal en el confesionario, comunicando a los hombres el amor misericordioso de Dios. Esta frase nos recuerda las palabras del Señor: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán» (Mt 6,33).

Si aprendemos a ponerla en práctica, descubriremos la libertad que encierra: la libertad de optar por el amor más grande. Buscaremos que todo lo que hagamos esté relacionado con este amor o, mejor dicho, que todo provenga de él y esté impregnado por él.

Del mismo modo que Jesús se fijaba siempre en su Padre y no hacía nada sin estar en perfecta unión de voluntades con Él, también nosotros estamos llamados a emprender el mismo camino. Cuanto más despierte en nosotros el amor por Dios, más aprenderemos a entender incluso las etapas más difíciles de nuestra vida como un servicio de amor hacia Él.

El santo señala que todo lo que hagamos fuera de este enfoque es tiempo perdido. A primera vista, puede sonar un poco duro, ya que, al fin y al cabo, existen placeres y actividades inofensivas que no atentan contra los preceptos de Dios. Sin embargo, si interpretamos sus palabras en el contexto de un alma ardiente que anhela llevar almas a Dios, entonces nos resultarán más comprensibles. Un alma ardiente se siente vacía cuando no está plenamente unida a Dios, cuando se ocupa deliberadamente de cosas innecesarias, que no contribuyen al crecimiento del amor y que pueden distraerla. ¡Quizás en ese tiempo habría podido salvar aún más almas!