“CONFÍA EN MI MISERICORDIA”

«No se turbe ni tema tu corazón. Cree en Mí, y ten confianza en mi misericordia»(Tomás de Kempis).

Existen diversas circunstancias que pretenden dominar nuestro corazón. El temor y el miedo pueden contarse entre ellas. Pueden absorber por completo a las personas o, al menos, privarlas de la paz interior.

Sabemos que, a menudo, en los conflictos bélicos se intenta sembrar el terror y el espanto para intimidar al adversario antes del enfrentamiento, utilizándolos como arma de guerra. Si se lo logra, la capacidad de luchar del adversario se ve debilitada y su valor puede menguar.

En nuestro camino espiritual en pos de Cristo sucede algo similar. También aquí nos enfrentamos a diversos adversarios que quieren derrotarnos. Conocemos a los grandes «enemigos del alma»: por un lado, están las apetencias desordenadas de nuestra naturaleza caída; por otro, las seducciones del mundo; pero, sobre todo, son los ataques del diablo los que intentan sembrar el desorden en nuestra alma.

En todos estos casos, debemos acudir a nuestro Padre. Ya sea que nos dejamos confundir por nosotros mismos o por las falsas seducciones del mundo, en Él siempre encontraremos la paz. Dios sale a nuestro encuentro con su misericordia en cuanto nos ponemos en camino para acudir a Él. Los ataques del diablo se ven frustrados cuando empuñamos el escudo de la fe, tal y como nos exhorta el apóstol san Pablo: «Tomad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno» (Ef 6,16).

Lo importante es que lo hagamos de inmediato para que el temor y el espanto no ganen terreno y el alma no permanezca en un estado de turbación.