“CONCIENCIA DE LA PROPIA IMPERFECCIÓN”

«La única perfección del hombre consiste en tomar conciencia de su propia imperfección» (San Jerónimo).

Esta afirmación, que en un primer momento puede parecer una visión pesimista de la condición humana, revela su sabiduría cuando la analizamos más detenidamente.

En efecto, este descubrimiento que San Jerónimo comparte con nosotros nos ayuda a superar cualquier tipo de soberbia y falsa seguridad en nosotros mismos, y nos permite asimilar profundamente nuestra realidad como seres humanos. Ahora bien, lo importante es cómo la afrontamos. Sin duda, sería erróneo sumirnos en una tristeza desordenada por el hecho de que seamos tan imperfectos, aunque, por supuesto, podemos lamentar la pérdida del Paraíso con todas sus consecuencias. Por el contrario, esta toma de conciencia nos invita a dirigirnos hacia el «Perfecto»: nuestro amado Padre Celestial. Al buscarle y al participar de su perfección, despertamos a la verdadera vida y a la apreciación correcta de nuestra condición

¡Somos amados y necesitamos ese amor!

¡Estamos llamados a la perfección, pero no podemos alcanzarla por nosotros mismos!

Podemos participar de la gloria divina, pero no somos Dios.

Dios nos ha creado a su imagen, pero necesitamos constantemente su gracia para que esa imagen pueda desplegarse en nosotros.

Estamos llamados a algo grande, pero primero debemos aprender en la escuela del Señor qué es lo verdaderamente grande.

Estamos llamados a la libertad, pero antes debemos ser liberados por el Hijo de Dios.

Es tal y como dice san Jerónimo: Tomar conciencia de nuestra imperfección es la perfección. Y esta constatación despierta en nosotros la gratitud por tener un Dios perfecto y el anhelo de alcanzarlo.