“EL MAR DE LA BONDAD DE DIOS”

«Arrojémonos al mar de su bondad, donde toda debilidad queda borrada y todo temor se transforma en amor» (San Pablo de la Cruz).

En el Mensaje de Dios Padre a sor Eugenia Ravasio encontramos palabras similares que nos invitan a arrojarnos al mar de la misericordia divina. Allí seremos purificados y fortalecidos para continuar nuestro camino.

Hemos de sumergirnos profundamente en el infinito amor de Dios y, en lugar de detenernos en nuestras propias debilidades y temores, debemos entregárselos por completo al Señor.

Si no lo hacemos, existe el peligro de que pretendamos superarlos por nosotros mismos y, al final, no lo logremos. A la larga, esto nos debilitará aún más y hará que nuestra alma se desanime cada vez más.

La aventura del amor, que consiste en confiar plenamente en Dios precisamente cuando nos sentimos incapaces y débiles, no solo deja en el alma una tierna caricia de nuestro Padre que nos brinda consuelo, sino también una gran gratitud por el amor que nos concede una y otra vez. Si esta actitud se impregna en el alma, nuestro camino con nuestro Padre se vuelve más natural y nuestra atención se centra más en Él que en nosotros mismos.

¡Cuán sanadora es esta enseñanza sobre cómo debemos vivir! Además, es profundamente realista, ya que nos muestra que nuestro Padre nos conoce perfectamente y que ha previsto el remedio adecuado para nosotros. Así crece la confianza en Él, y precisamente esta confianza constituye el fundamento de una verdadera relación con nuestro Padre Celestial. La confianza nos librará una y otra vez de todas nuestras angustias.

San Pablo de la Cruz nos dejó estas maravillosas palabras para que comprendamos que el amor de Dios es más fuerte que cualquier otra cosa.