«El hecho de que nos sucedan cosas que nos resultan molestas o incluso repugnantes es bueno para nosotros, pues éstas impulsan al hombre que ha huido de su interior a retornar nuevamente a su corazón» (Tomás de Kempis).
En la frase de hoy, el maestro espiritual Tomás de Kempis señala una razón importante por la que aquellas cosas que solo parecen estorbar pueden ser utilizadas por nuestro Padre Celestial para nuestro bien. Dios siempre tiene en mente la salvación de nuestra alma, y toda su guía y lo que permite que nos suceda sirve a este fin. En efecto, el mayor servicio que nos presta el Señor es la salvación y el fortalecimiento de nuestra alma. Eso es lo más importante, tal y como afirma acertadamente la Iglesia sobre sí misma cuando señala que su mayor misión es la salvación de las almas.
Si observamos con más detenimiento nuestra vida, pronto podremos constatar que el sufrimiento, las circunstancias difíciles y las adversidades se transforman en una ayuda fructífera cuando las superamos con la gracia de Dios. Nos introducen más íntimamente en su corazón. Cuando a una persona le va demasiado bien, rápidamente se pierde en lo exterior. El éxito parece darle siempre la razón. Sin embargo, si no se lo atribuye a Dios con gratitud, fácilmente pierde el rumbo interior y el alma se dispersa.
Esto se aplica incluso a los avances en la vida espiritual, por ejemplo, cuando se ha logrado superar alguna debilidad. Es necesario manejar con cautela y gratitud la alegría y la seguridad interior que se experimentan entonces. De lo contrario, una sutil soberbia espiritual puede anidarse en el alma, olvidando atribuirle todo al Señor y alabarle.
La sabia providencia de nuestro Padre velará para que todo lo que nos sobrevenga nos ayude a retornar a nuestro interior, allí donde Él nos espera con su amor.
