“EL PRINCIPIO RECTOR DE NUESTRA VIDA” 

«Confía en el Señor de todo corazón y no te fíes de tu inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas»(Prov 3,5-6).

Una vez más, el Libro de los Proverbios nos advierte de que no debemos fiarnos demasiado de nuestras propias capacidades. Esto también se aplica a la inteligencia humana. Aunque es un gran don que el Señor nos concede en el plano natural, no debe convertirse en el principio rector de nuestra vida. De hecho, sería una insensatez, ya que, al fin y al cabo, la inteligencia es un don sujeto a las limitaciones del mundo creado y necesita la luz sobrenatural de Dios para comprender las cosas en su dimensión más profunda. Por ello, el Señor nos invita a confiar en Él «de todo corazón». Dios es la verdadera roca sobre la que podemos edificar nuestra vida, una roca que no vacila. Si interiorizamos esta certeza, Dios se valdrá de nuestras facultades naturales para su obra y estas ocuparán el lugar que les corresponde. Así se establece la verdadera jerarquía.

Si no recorremos nuestros caminos con ligereza, sino que los examinamos una y otra vez ante nuestro Padre Celestial para que nuestros pasos no se desvíen de la senda recta, entonces reconoceremos cómo Dios quiere guiarnos y nos daremos cuenta de la gran sabiduría con la que ha trazado cada uno de nuestros caminos. Podemos recorrerlos sin temor alguno. Así, nuestros pasos se vuelven firmes y ágiles.

En el Salmo 31, la Palabra de Dios nos asegura: «Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos» (v. 8).

La sabiduría de Dios nos recordará una y otra vez que debemos buscarlo a Él en primer lugar y que, de este modo, todo lo demás se ordenará según su voluntad. Cuando lo hayamos interiorizado y actuemos en consecuencia, su sabiduría entrará en nuestra vida y tomará las riendas. ¡Qué gracia cuando esto sucede!