«Hazlo todo, sopórtalo todo con tal de conquistar almas para el Señor» (San Juan Bosco).
En la frase de hoy, Don Bosco expresa lo que debería impulsarnos a todos: conquistar almas para Dios y participar así en la gran pesca del amor. Esta exhortación puede convertirse en una gran motivación para nosotros, especialmente si tenemos en cuenta todo lo que Dios mismo ha hecho para conducir nuestra alma de las tinieblas a su luz admirable (cf. 1Pe 2,9).
En este contexto, también se puede comprender el concepto de «sacrificio» que solemos emplear en el mundo católico. No necesariamente tiene que tratarse de inmensos sacrificios que creemos tener que ofrecerle al Señor. Pueden ser los pequeños actos de la vida cotidiana que le entregamos al Señor por la salvación de las almas: superar nuestra pereza, abstenernos de responder a las agresiones con una agresión similar, esforzarnos por mantener la concentración en nuestra oración en silencio, los pequeños gestos de amor al prójimo, la lucha por crecer en el amor, entre muchas otras cosas.
A lo que podemos hacer se suma todo lo que podemos soportar en tantos ámbitos. No se trata solo de sobrellevar circunstancias adversas o soportar a personas difíciles. A veces, también tenemos que soportarnos a nosotros mismos cuando vemos cuán lejos estamos aún de lo que aspiramos a ser. Incluso esto podemos ofrecérselo a Dios y pedirle que se sirva de este sacrificio para la salvación de las almas.
Pero, en todo ello, es importante volver una y otra vez al punto de partida. Es el amor de Dios el que es capaz de soportarnos y no se cansa de buscarnos. En él, también nosotros, a nuestra manera, nos volvemos capaces de amar como lo hizo san Juan Bosco. ¡Esto se vuelve posible porque bebemos de la misma fuente! ¡Y qué gran obra de amor a Dios y al prójimo es guiar a las almas de vuelta hacia su Padre celestial!
